Por P. Víctor Urrestarazu
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”...Entonces el diablo le dijo: –Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: –Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: –Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo. Jesús le contestó: –Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: – Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras». Jesús le contestó: –Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»”. (Lucas 4,1-13)
En este primer domingo del tiempo de Cuaresma la Iglesia nos presenta las tentaciones de Cristo en el desierto. Jesús iba a comenzar su ministerio público y, por tanto, se trataba de un momento particularmente importante de la obra de la Salvación. San Josemaría comentaba este Evangelio con las siguientes palabras: “Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender –Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno–, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene”.
Cristo, Dios y hombre verdadero, se hizo semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado, y se sometió voluntariamente a la tentación. Jesús quiso ser conducido al desierto y combatir contra el diablo, a fin de que los bautizados, si después del Bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por ello, como si fuera cosa que no era de esperar. No debemos asustarnos, sino permanecer firmes y soportarlas generosamente como la cosa más natural del mundo.
Otra enseñanza clara es que nadie debe considerarse seguro y exento de las tentaciones. Por otro lado, Jesús nos muestra la manera de vencerlas y nos exhorta a que tengamos confianza en su misericordia, ya que él también experimentó las tentaciones.
Al vencer todo género de tentaciones, Jesucristo nos da ejemplo de cómo hemos de comportarnos frente a las insidias del demonio. Fue tentado como hombre y como hombre las superó. Quería enseñarnos que al diablo hay que vencerle con el ejercicio de las virtudes: la oración, el ayuno, la vigilancia, no dialogar con la tentación, tener en los labios las palabras de Dios en la escritura, y poner la confianza en el Señor. Esas son las armas.
Pidamos a Santa María que nos acompañe a recorrer este tiempo muy cerca de su Hijo, para que así sea la mejor Cuaresma de nuestra vida.