27 feb. 2026

Ai Weiwei traduce en arte el drama de los refugiados

Atenas, 26 may (EFE).- Amigo de y a la vez ajeno a las polémicas, el artista chino Ai Weiwei es un auténtico maestro de jugar con los símbolos en territorios que muchos considerarían tabúes y en los que es excesivamente fácil caer en la autocensura.

"Standing Figure" (2016), estatua que es una apropiación de las figuras antropomórficas de la época cicládica, del artista chino Ai Weiwei, que puede verse en el Museo de Arte Cicládico de Atenas hasta el 30 de octubre. EFE

“Standing Figure” (2016), estatua que es una apropiación de las figuras antropomórficas de la época cicládica, del artista chino Ai Weiwei, que puede verse en el Museo de Arte Cicládico de Atenas hasta el 30 de octubre. EFE

Su implicación -entre activista y observador- en la crisis de los refugiados, que comenzó con la instalación de uno de sus talleres en la isla de Lesbos en febrero, ha generado una producción que se puede visitar en el Museo de Arte Cicládico de Atenas hasta el 30 de octubre.

Una de sus piezas más recientes es “Tyre” (2016) en la que Ai esculpe en mármol dos flotadores dispuestos uno encima de otro, iguales a los cientos de los que utilizan los refugiados en sus desgraciados naufragios, en una combinación que entronca con los ‘readymades’ de Marcel Duchamp, la escultura clásica -por el material usado- y la denuncia política.

El artista chino ya había utilizado el mármol para petrificar un objeto representativo de una problemática en “Mask” (2011), donde de una sola pieza de esa piedra hizo surgir una máscara antigás para denunciar la extrema polución que sufren los habitantes urbanos en China debido la falta de controles medioambientales.

Menos simbólico y más personal es “Iphone Wallpaper” (2016), un viaje en forma de más 12.000 fotografías dispuestas en forma de mural donde Ai expone en orden cronológico todas las imágenes tomadas con su teléfono desde enero a abril de 2016, un periodo en el que visitó desde Lesbos a Idomeni.

En esta colección de fotografías hay desde imágenes trascendentes y desoladoras de barcas de migrantes a la deriva en el mar hasta decenas de ‘selfies’ de Ai con refugiados, algo, esto último, que podría considerarse como una provocación -algo tan superficial como un ‘selfie’ con quien acaba de desembarcar de una lancha, aún cubierto con una manta térmica- pero también como una manera de humanizar a los refugiados, que muchas veces son solamente cifras en el papel.

Cerca de este mural están expuestas las imágenes tomadas por seis fotógrafos griegos afincados en Lesbos, seleccionados por Ai, que refuerzan esta denuncia y dan un testimonio en tono más periodístico de las llegadas de refugiados a esta isla, una de las más afectadas por la crisis migratoria.

Una de las obras más crudas no está en el interior del museo, sino en el exterior, en uno de los balcones del antiguo palacete que ahora es sede de una de las alas del museo.

Esta obra es “Flags” (2016), tres banderas tejidas con los colores blanco y amarillo que evocan los tonos de las mantas térmicas proporcionadas a los migrantes al llegar a tierra.

En un flanco ondea una amarillenta versión de la bandera de Grecia, al otro la de la Unión Europea -con fondo blanco- y en el centro la bandera subtitulada como “Shadow”, que muestra la silueta de Alan Kurdi, el niño sirio de tres años que murió en una playa turca y cuya imagen que dio la vuelta al mundo, dando comienzo a una nueva sensibilidad para con los refugiados.

Ai Weiwei desborda su propio espacio en el museo temporal y sin hacer ruido se cuela en la exposición permanente.

Entre abalorios y cerámicas con más de 40 siglos de antigüedad, la base de la colección del museo, y en muestrarios indistinguibles los demás, se pueden ver colecciones de objetos como “Tear Bottle/Tear Gas Canister” (2016), un alarde de humor negro.

En esta pieza tres botes de humo, de los que la policía macedonia usó contra los refugiados en Idomeni, aparecen al lado de dos lacrimatorios, cuyo uso para guardar lágrimas como símbolo de amor y tristeza es una tradición se remonta siglos.

Este diálogo irónico entre los objetos y las culturas, sobre todo entre la cultura actual y la pretérita, es seña de identidad del trabajo de Ai.

Es por ello que además de la denuncia el artista chino ha aprovechado su estancia en Grecia para empaparse y conversar con el arte griego, algo de lo que ha surgido “Standing Figure” (2016), una estatua que es una apropiación de las figuras antropomórficas de la época cicládica.

La diferencia con estas es que la de Ai es mucho más grande (tamaño de persona) y además su figura está imitando una de las obras más conocidas y polémicas del artista chino, “Dropping a Han Dynasty Urn” (1995), en la que se fotografió destrozando una pieza de cerámica de valor incalculable (o simulándolo, y ahí radica la leyenda) para criticar la Revolución Cultural de Mao.

Es la primera vez que las obras de Ai Weiwei visitan Grecia, y el espectador heleno podrá saciarse, además de con lo anterior, con una suerte de ‘grandes éxitos’ del artista chino, piezas como “Grapes” (2011), “Cao” (2014), Chandelier (2015) o la colección de fotos irreverentes “Study of Perspective” (1995-2011, 2014).

La exposición de Ai Weiwei en Atenas, además, donará el 10 % de sus ingresos a la organización internacional Médicos Sin Fronteras y a la ONG local Metadrasi.

Óscar Valero

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