12 abr. 2026

Acciones de gracias

Constantemente nos invita la Sagrada Escritura a dar gracias a Dios: los himnos, los salmos, las palabras de todos los hombres justos están penetradas de alabanza y de agradecimiento a Dios.

¡Bendice, alma mía, a Yahvé y no olvides ninguno de sus favores!, dice el Sal-mista.

En el Evangelio vemos cómo el Señor se lamenta de la ingratitud de unos leprosos que no saben ser agradecidos: después de haber sido curados ya no se acordaron quién les había devuelto la salud, y con ella su familia, el trabajo... la vida.

Jesús se quedó esperándolos. En otra ocasión se duele de la ciudad de Jerusalén, que no percibe la infinita misericordia de Dios al visitarla, ni el don que le hace el Señor al tratar de acogerla como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas.

El Señor Jesucristo nos enseñó a ser agradecidos hasta por los favores más pequeños: Ni un vaso de agua que deis en mi nombre quedará sin su recompensa.

El samaritano que volvió a dar gracias se marchó con un don todavía mayor: la fe y la amistad del Señor: Levántate y vete, tu fe te ha salvado, le dijo Jesús

Como virtud humana, la gratitud constituye un eficaz vínculo entre los hombres y revela con bastante exactitud la calidad interior de la persona.

“Es de bien nacidos ser agradecidos”, dice la sabiduría popular. Y si falta esta virtud se hace difícil la convivencia humana.

Cuando somos agradecidos con los demás guardamos el recuerdo afectuoso de un beneficio, aunque sea pequeño, con el deseo de pagarlo de alguna manera.

En muchas ocasiones solo podremos decir “gracias”, o algo parecido. En la alegría que ponemos en ese gesto va nuestro agradecimiento.

Cuesta poco manifestar nuestra gratitud y es mucho el bien que se hace: se crea un mejor ambiente, unas relaciones más cordiales, que facilitan la caridad.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal)