09 feb. 2026

6.000 musulmanes ayunan por el Ramadán en la Triple Frontera

Durante un mes no consumen alimentos desde la salida hasta la puesta del Sol. Hay varios locales comerciales cerrados. Miembros de la comunidad en Paraguay creen que hay prejuicios en su contra.

Por Andrés Colmán Gutiérrez
CIUDAD DEL ESTE
La fachada del edificio pasa desapercibida en el atestado centro comercial de Ciudad del Este, pero encima de las paredes de cemento y ventanales de vidrio asoma una brillante cúpula dorada, de inconfundible estilo musulmán. En la calle Boquerón casi Adrián Jara, un letrero proclama: “Mezquita del profeta Mohamed”.
Transponer la puerta es ingresar a otra dimensión. Súbitamente se apaga el ruido frenético de la calle infestada de sacoleiros y vendedores, para dar paso a un silencio cargado de aromas orientales. Desde el fondo se oye una suave letanía en idioma árabe.
Hay un recibidor con largos bancos, donde se amontonan calzados y medias. Abdullah, nuestro gentil guía, nos invita a sacarnos los zapatos. “A la casa de Allah (Dios) hay que entrar descalzo, signo de humildad y devoción”, explica. Una escalera conduce a un amplio y fresco salón, adornado con imágenes que parecen sacadas de algún cuento de “Las mil y una noches”.
Un hombre barbudo con túnica negra y turbante blanco está sentado sobre una alfombra, extasiado ante un texto del Corán. Es el jeque Hassan Gini, primer líder religioso que acaba de llegar desde el Líbano para dirigir las celebraciones del Ramadán con los miembros de la comunidad musulmana de Ciudad del Este. Solo habla árabe y prefiere no contestar preguntas, pero interrumpe su trance místico para saludar .
A su lado, un joven árabe-paraguayo entona un cántico religioso, invitando a los seguidores del profeta a la oración del mediodía. No se ven mujeres. Los hombres se arrodillan y besan el piso, mientras dicen sus oraciones mirando hacia el este, en dirección a La Meca, la ciudad sagrada que está a infinitos kilómetros de distancia.
MUNDO POCO CONOCIDO. Dentro de Ciudad del Este hay otras ciudades, subterráneas y poco conocidas, con costumbres y rituales que parecen extraños al paraguayo común. Una de ellas es la conformada por los numerosos miembros de la comunidad musulmana, que hace alrededor de dos décadas se establecieron en la Triple Frontera, y que desde el 13 de setiembre hasta el 12 de octubre celebran el Ramadán, el mes dedicado a Dios.
Son más de 6.000 personas las que profesan el islamismo, principalmente en Foz de Yguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay), revela Abdullah Rida, docente y administrador del Centro Educacional Libanés del Paraguay.
Llegado del Líbano en 1991, Abdullah dirige también la Asociación de Beneficencia Islámica de Alto Paraná. Al principio se muestra cauto cuando se le pide la entrevista. “Tuvimos malas experiencias con los periodistas en el Paraguay. Publicaron muchas mentiras sobre la supuesta existencia de terroristas islámicos en la Triple Frontera, pero nunca dieron una sola prueba de que eso fuera verdad”, reclama.
Pero el líder libanés reconoce que se están dando cambios positivos. Hace poco, el propio embajador norteamericano en Paraguay, James Cason, visitó por primera vez a la comunidad libanesa de Ciudad del Este y se derribaron algunos prejuicios. “Cuando estuvo aquí, en el colegio paraguayo-libanés, los periodistas le preguntaron sobre la existencia de los presuntos terroristas, pero el embajador solo hizo bromas, e invitó a recorrer las aulas”, comenta.
Servicios de inteligencia de los tres países, y principalmente de Estados Unidos, filtraron más de una vez a la prensa las versiones de que inmigrantes libaneses de la región estarían enviando contribuciones en dinero a organizaciones políticas libanesas como Hamas e Hisbolá, a las que el Departamento de Estado norteamericano llegó a caracterizar como grupos extremistas del fundamentalismo islámico. En 1999, la propia SIDE (organismo de inteligencia del gobierno argentino) divulgó un informe sobre la presunta presencia de agentes de la red Al Qaeda, de Osama Bin Laden, en la Triple Frontera, algo que nunca se demostró.
“Estas versiones nos causaron mucho daño y alimentaron prejuicios hacia los libaneses y musulmanes en esta zona. Pero fuera de lo que publica la prensa, hay otra realidad: la de una comunidad que se integró muy bien con los paraguayos y brasileños, que trabaja activamente en el comercio, en la producción, en la educación, y aporta su contribución diaria al desarrollo de Ciudad del Este”, dice Abdullah Rida.
En la calle, varias mujeres vestidas con larga túnicas árabes caminan por el centro de Ciudad del Este y se dirigen a cruzar a pie el Puente de la Amistad, hacia el Brasil. Varios turistas las miran, curiosos, y les sacan fotos. Pero los lugareños simplemente sonríen, habituados a esta escena cotidiana. Al igual que los chinos taiwaneses, los surcoreanos, los hindúes, los bolivianos, los brasileños y los afroamericanos, los miembros de la comunidad musulmana árabe y sirio-libanesa ya son parte del rico paisaje multicultural de la Triple Frontera
TODO UN MES DE AYUNO Y PRIVACIONES
Fadhil tiene 18 años, nació en Ciudad del Este y se considera más paraguayo que árabe, pero dice que respeta la religión que le enseñaron sus padres, que migraron del Líbano en los años 70. Trabaja en una de las galerías comerciales, pero cinco veces al día hace una pausa para orar a Allah, y no prueba un solo bocado desde que sale el sol hasta que llega la noche, durante todo el Ramadán. “Para mí el mes de Allah es lo más sagrado, porque Dios te pone a prueba para ver qué clase de persona eres. No solo hay que dejar de comer alimentos durante el día, tampoco hay que tener sexo, no hay que mentir, ni robar, ni engañar, no hay que hacer nada que se considere malo a los ojos de Dios”, explica. Aunque en Ciudad del Este hay algunos árabes que ya no siguen la tradición, “ya se occidentalizaron y les gusta farrear y pasar bien, como los paraguayos”, son muchos más los que siguen al pie de la letra la religión musulmana, dice.