Opinión

11º mandamiento: Pensarás antes de hablar

Lupe Galiano – lupegaliano@uhora.com.py

Desde el golpe a Lugo, se instaló un debate persistente entre la zurda caviar versus la derecha puchero, que no respeta red social, grupo de familia, pro capilla o cualquiera sea la intención inicial del mentado grupo, olvidando aquello de que es de personas educadas no hablar de fútbol, religión y política. Que el dictador Maduro, que los muertos de hambre en Venezuela, que Lula libre, que Cristina, que la cultura heteropatriarcal, que el pañuelo verde de la Argentina, que queremos papá y mamá.

La gente simpatizante de uno y otro sector repite como botarate lo que le imponen los creadores de los discursos. Ni un minuto de reflexión para encontrar, sino el absurdo de hablar sin pensar, por lo menos la voz propia.

El colmo de estos últimos años fue la seguidilla de gestos indignos en el juicio Arrom-Martí versus el Estado paraguayo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Primero se empleó una táctica para confundir a los confundidos: “No vamos a entregar dinero a los secuestradores”, toda una campaña en favor de una sentencia judicial inexistente. Nunca los organismos públicos involucrados buscaron desmentir la causa del reclamo: ¿La Policía –órgano del Estado– torturó o no a los presos Arrom y Martí? Culpables o inocentes, no interesa. Ninguna persona en su sano juicio puede defender la tortura desde el Estado a nadie, ya sean robacoches, dealer, asesino, secuestrador o lo que sea. Para eso está la Justicia: para imponer los castigos acordes con la cualidad de ser humanos.

En paralelo, las máximas autoridades del Ejecutivo quisieron demeritar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como un organismo de zurditos, cuya balanza ya estaba tirada hacia los presuntos secuestradores. Y algunas personas replicando como gansos sin pensar que todos necesitamos organismos que nos defiendan de los atropellos del Estado porque nunca sabemos cuándo vamos a ser víctimas de abusos por parte de policías, militares funcionarios o lo que sea. Y no hablamos de los abusillos diarios que de tan cotidianos ya nos parecen naturales y no van a parar a una Corte, sino de graves faltas.

Como frutilla de la torta: la ida del presidente de la República a la audiencia pública en la CIDH, además de la innecesariamente voluminosa comitiva que viajó a Costa Rica. Aparentemente, el mandatario quiso emitir el mensaje de apoyo a los secuestrados, cuando en realidad el Estado tendría que estar invirtiendo sus mejores recursos para recuperar a los cautivos, castigar a los culpables de estos crímenes y evitar erogaciones innecesarias.

Los ciudadanos bobos que pagamos impuestos y vivimos en la legalidad queremos eficiencia, no discursitos. Eficiencia en la Justicia, eficiencia en la defensa del Estado, eficiencia en los gastos.

Como mínimo, el Gobierno de la gente tiene un problema para comunicar. Primero vino lo del servicio militar obligatorio; después la risa sardónica para recordar la caída de Stroessner y ahora esta impropia actuación.

Ojalá –porque la esperanza es lo último que se pierde– se dejen de hablar y se pongan a trabajar en serio para que los cinco billones de guaraníes de regalías, royalties, Fonacide y demás rindan para la gente y no para los bolsillos de unos cuantos politicuchos de turno.

Ergo: Vamos na a dejarnos ya de antagonismos ideológicos y vamos a trabajar para limpiar la corrupción y hacer que la plata pública rinda para mejorar la calidad de vida de todos. ¿Dale pa?

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