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Opinión
sábado 4 de febrero de 2017, 02:00

¿Una enmienda para Yacyretá?

Miguel Benítez – TW: @maikbenz
Por Miguel Benítez

El próximo 27 de marzo se cumplen 43 años de la entrada en vigencia del Tratado de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y, en simultáneo, tres años de infructuosas negociaciones con Argentina para revisar el Anexo C (bases financieras) de dicho documento. Pese a que el Gobierno paraguayo asegura que hubo avances en las conversaciones con los rioplatenses, la realidad es que poco o nada se concretó desde el 2014. Ni siquiera se analizó cuál va a ser la nueva tarifa de venta de energía porque lo básico, sacar el monto de la deuda de la EBY con el Tesoro argentino, aún no se consigue.

Al tratarse de una causa nacional, decepciona que la administración de Horacio Cartes, a la que le queda poco más de un año en el poder (eso sin contar el tiempo que se perderá por campañas electorales), esté más enfocada en conseguir una enmienda constitucional para la reelección, antes de pensar en los verdaderos proyectos prioritarios.

Aunque se ideó en la década del 70, Yacyretá entró a operar recién en 1994. Ya arrancó mal y ni siquiera respetó su diseño original. En 22 años de funcionamiento, las desprolijidades no cesaron y lejos de arreglarse la situación, los sucesivos Gobiernos nacionales agravaron la cuestión hasta el punto de que hoy se habla de una deuda de USD 20.000 millones.

Hoy los medios periodísticos argentinos se ensalzan en atribuir el pasivo al Estado paraguayo, lo que demuestra que ni siquiera las relaciones diplomáticas están marchando como se pensaría. La deuda es de Yacyretá, y así como le debe a Argentina por la construcción de la hidroeléctrica, también le debe al Paraguay por el territorio inundado, sin el cual la obra jamás existiría.

Actualmente, en casi tres años de conversaciones, lo único que se concretó es modificar el Anexo A, para introducir la figura de la cogestión paritaria. Es decir, para que cada lado de Yacyretá tenga su director ejecutivo y que el titular paraguayo ya no tenga que subordinarse al argentino, a la hora de tomar decisiones.

Sin embargo, ese mismo anexo ya introducía la figura de la alternancia, mediante la cual, cada cinco años tenían que rotar los directores. En otras palabras, por un lustro la máxima autoridad iba a ser el paraguayo y, en el siguiente, el rioplatense. Si ese derecho nunca se ejerció es porque sencillamente nuestros gobernantes vieron a Yacyretá como un mero botín.

Nuestras autoridades nunca pusieron a la EBY en la agenda de lo urgente y, al contrario, muchas se aprovecharon y se siguen aprovechando de su caótica realidad para sacar rédito político y económico. Esa realidad es tanto responsabilidad argentina como paraguaya (por desidia y sumisión), y mientras no se tengan técnicos de verdad en las cuestiones energéticas, los políticos podrán tener hasta reelecciones infinitas y la situación no mejorará.