15 jul 2026

Un yacimiento español prueba que el neandertal también comía vegetales

Un yacimiento del sureste de España aportó las primeras pruebas de que los neandertales comían vegetales, algo que no solo refuta los estereotipos que describen a este linaje humano como un carnívoro primitivo, sino que además cuestiona una de las posibles explicaciones de su extinción.

Confirmar la presencia de vegetales en la dieta del neandertal permite descartar la hipótesis que sostiene que desaparecieron por su inferior dominio del medio. Foto: dailymail.co.uk.

Confirmar la presencia de vegetales en la dieta del neandertal permite descartar la hipótesis que sostiene que desaparecieron por su inferior dominio del medio. Foto: dailymail.co.uk.

EFE.

La revista “PLOS One”, de la Biblioteca Pública de las Ciencias, publica este jueves un trabajo de cuatro investigadores de la Universidad de La Laguna (Tenerife) y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) sobre las conclusiones que pueden extraerse respecto a la dieta de los neandertales a partir de los restos fecales hallados en El Salt (Alicante), un yacimiento de 65.000 años de antigüedad.

En realidad, ya existían otros indicios indirectos anteriores de que el neandertal -el linaje humano que durante milenios convivió en Europa con el homo sapiens, nuestro antecesor directo- comía vegetales, como la presencia de restos vegetales en las dentaduras de algunos fósiles de cráneos, explica la primera firmante del artículo, Ainara Sistiaga, de la Universidad de La Laguna.

Sin embargo, ese indicio se podía rebatir por dos hipótesis plausibles: que esos restos hubieran llegado a sus dientes al comer el estómago de sus presas o que se trata de una prueba de que el neandertal utilizaba la boca para sujetar alguna herramienta o materia prima de origen vegetal, como el hombre sigue haciendo actualmente.

Las pruebas que aportan Ainara Sistiaga y sus colegas del MIT se obtuvieron, en cambio, de restos digeridos hace 50.000 años por los neandertales que utilizaban el abrigo de El Salt.

En sus sedimentos, encontraron restos fecales identificados como humanos por una serie de características moleculares que los distinguen de las heces de un animal carnívoro o incluso herbívoro y que delatan un consumo importante de vegetales.

“Son marcadores que llevan utilizándose desde los años sesenta para identificar el origen de una contaminación fecal en el análisis de aguas residuales y que ya se habían empleado en arqueología, pero en yacimientos más recientes, como los del Ágora de Atenas o los de algunas letrinas romanas”, explica Sistiaga.

En este caso, los restos fecales humanos hallados en El Salt contienen coprosterol, una sustancia que el sistema digestivo humano genera al consumir esteroles vegetales, y en grandes cantidades.

“Si tenemos en cuenta que, gramo por gramo, la carne tiene mucha más cantidad de esteroles que los vegetales, el hecho de que aparezca un pico relativamente grande de coprosterol, implicaría un consumo significativo de vegetales”, señala esta estudiante canaria, que el año pasado se formó como investigadora invitada en el MIT y ahora termina su doctorado en la Universidad de La Laguna.

Para los autores de este trabajo, confirmar la presencia de vegetales en la dieta del neandertal permite descartar la hipótesis que sostiene que este linaje humano desapareció por su inferior dominio del medio respecto al hombre anatómicamente moderno.

“Nosotros creemos que tenían el mismo dominio del medio que el homo sapiens y que, probablemente, esa no fue una causa de extinción, porque hacían uso de la alimentación vegetal cuando el medio se la proporcionaba”, apunta.

Sistiaga, que lleva once años trabajando en El Salt, se propone aplicar esta misma técnica sobre análisis de restos fecales al yacimiento de referencia para estudiar los orígenes del hombre: la garganta de Olduvai, en África, donde hace 1,8 millones de años convivieron varias especies de primates y homínidos.

Para ello, se están preparando con estudios sobre cómo digieren la carne el chimpancé y el gorila, primates tan sensibles al colesterol, que pueden morir de hipercolesterolemia si ingieren más grasa o carne de lo habitual en su dieta.

“Creemos que probablemente nuestros primeros ancestros humanos tuvieron que tener también el mismo tipo de problemas. Tuvieron que desarrollar algún tipo de estrategia adaptativa para superar los efectos negativos de una ingesta alta en carne, que, por otro lado, tuvo sus efectos positivos a nivel evolutivo”, explica.

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