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Opinión
martes 27 de junio de 2017, 02:00

Un nuevo apocalipsis

Samuel Acosta – Twitter: @acostasa
Por Samuel Acosta

Al entrevistar al representante de cualquier sector económico todos coinciden en que la presión tributaria no solo es baja, sino totalmente desigual en el Paraguay, siendo el IVA (el impuesto más injusto) el mayor generador de ingresos que tiene el Estado. El problema es que cuando se decide pedir más a su sector cambian radicalmente el discurso y emergen las profecías del fin.

¿Recuerda cuando el ex ministro de Hacienda Dionisio Borda planteaba la implementación de un impuesto a la renta personal (IRP), aquel debate parlamentario llevó años por la fuerte resistencia de los segmentos económicos más poderosos de este país, que vaticinaban casi el fin de los tiempos con la aplicación de este gravamen?

El impuesto se aplicó desde agosto del 2012 y, llamativamente, aquellos prójimos contribuyentes siguen con su mismo alto estándar de vida.

En el 2015 generaba una enorme polémica cuando la SET decide aplicar el IVA 10% a las compras por internet, los profetas del aquel tiempo presagiaron casi la extinción del negocio y, sin embargo, continuó desarrollándose, al punto de que el año pasado movió USD 148 millones, exactamente USD 50 millones más que antes de la normativa.

No puedo dejar de recordar a las cooperativas y sus extendidas protestas en el 2016, cuando se debatía aplicar el 10% sobre el interés de los créditos y se vaticinaba un durísimo golpe al sector; pero resulta que un año después de su aplicación el ritmo de colocación de créditos siguió creciendo a un 7% anual.

Donde sí hubo un error de cálculo fue en los ingresos al Fisco, que están muy lejos de aquellos USD 60 millones al año estimados inicialmente.

Cómo olvidar la eliminación de la exención al ensamblaje de motocicletas que ahora, unos diez años después de su desarrollo, se comienza a tributar 10% del IVA y aún así continúa tan pujante; o la misma reducción de tasas de interés a las tarjetas de crédito a través de la Ley 5476/15, que si bien tuvo un impacto en las ganancias de bancos y financieras, no por eso dejó de representar ese 7% en la cartera total del sistema.

Hoy se debate imponer un 10% sobre la exportación de los granos de soja y, como de costumbre, un nuevo apocalipsis está al orden del día.

¿Cree que si se aplica una mayor presión sobre un sector que en el 2016 reportó ingresos por más de USD 3.200 millones, dejará de producir?

La soja es el gran motor de la economía paraguaya, pero tengo serias dudas de que pedir un 5% más de contribución signifique la extinción de esta actividad altamente rentable.