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Opinión
lunes 16 de enero de 2017, 02:00

Tres tristes tigres

Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Estos tres futbolistas paraguayos fueron transferidos muy jóvenes a Europa.

A mediados de 2016, Olimpia repatrió —luego de 17 años sin jugar en Paraguay— a Roque Santa Cruz, cuando este estaba por cumplir los 35 años.

A principios de 2017, Cerro Porteño repatría —luego de 15 años de no jugar en Paraguay, nunca en Primera— a Nelson Haedo Valdez, cuando este acaba de cumplir 33 años.

En 1988, Olimpia repatrió —luego de 8 años sin jugar en Paraguay— a Raúl Vicente Amarilla, cuando este había cumplido 28 años.

Los cinco años menos que Haedo y los siete que Roque no amonestan a Amarilla por la mayor celeridad de su regreso al país, lejos del fracaso: fue segundo goleador de la Liga de España en 1982/1983, jugando por el Zaragoza; ganó la Copa del Rey y la Copa de la Liga con el Barcelona. Creo que los menos años en Europa de Raúl Vicente expresan el síntoma de una diferencia esencial de época.

Entre 1988 y 1993, cumplidos los mismos años que hoy tiene Nelson Haedo Valdez (y un año antes de su retiro), Raúl Vicente Amarilla ganó con Olimpia dos campeonatos nacionales, una Copa Libertadores, una Copa Sudamericana, una Recopa Sudamericana; fue goleador nacional en 1988, goleador de la Copa Libertadores en 1989 y goleador histórico de Olimpia en la misma competencia con 22 goles. Además, fue elegido el mejor futbolista de América en 1990.

Roque y Haedo ganaron la Bundesliga. Es cierto. Roque es campeón de Europa y del mundo. Es cierto. Pero Amarilla le dio tres copas internacionales a Olimpia luego de volver de Europa.

A pesar de la valía de aquellos, es difícil que ambos (ni ningún otro futbolista emigrado a Europa y vuelto a jugar en Paraguay; como Juan Sebastián Verón en Estudiantes de Argentina y Ronaldinho en Atlético Mineiro de Brasil) vayan a igualar el palmarés de repatriado multicampeón de Raúl Vicente Amarilla. En Paraguay, nadie lo hizo antes ni después. En América, el citado Verón y Juan Román Riquelme.

Por estas cosas, entre otras, es que como aficionado al fútbol prefiero la Copa Libertadores a la Champions League.

Sin embargo, la moraleja de esta historia (si es que la hay) puede ser que el fútbol ha cambiado para mal en nuestros países de América Latina desde fines de los 80 hasta acá. Antes estábamos más cerca de volver a ver un Amarilla en la plenitud de sus capacidades físicas en las derruidas canchas paraguayas. Hoy vemos el definitivo ocaso de Roque y Haedo en perfectos empastados. Cambió para mal, digo, en el mismo sentido en que el saqueo conquistador y colonial europeo ha cambiado para mal la vida de este continente después de la llegada de Colón. Los éxitos del Bayern Munich de Roque y del Werder Bremen de Haedo estaban teñidos, también, de talento americano. Como Europa bullía de pepitas de oro americano en el siglo XVII.