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Opinión
sábado 14 de mayo de 2016, 01:00

Temer a Temer

Por Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia

"Esto no es un golpe, pero que parecido, ¿no?", cuestionó con estilo campechano el Pepe Mujica al ser preguntado sobre la situación del Brasil. Los paraguayos sabemos por experiencia la enorme crispación social que se genera cuando un grupo de parlamentarios corrige la decisión –acertada o no– tomada por millones de electores. Por eso, aquellos que, desde estas tierras, festejan la salida de Dilma deberían fijarse que la fiesta puede terminar mal para nosotros.

La caída del PT se debió, básicamente, a dos causas. El gigantesco escándalo de corrupción en Petrobras, en el que se involucraron muchos políticos del Gobierno; y la caída de la economía, que se contrae desde hace cuatro años y que tiene un pronóstico sombrío. Llegado a este punto, es necesario señalar que Dilma no es acusada personalmente de ningún delito de corrupción, mientras muchos de los legisladores que impulsaron el impeachment sí lo están. El caso más patético es el del diputado Eduardo Cunha, correligionario de Temer en el PMDB.

El problema económico, por su parte requerirá reformas y ajustes con alto costo político, pues pondrán a la clase media en un tobogán que las llevará de vuelta a la pobreza. Quien deberá tomar esas decisiones será Temer, quien además del estigma de la ilegitimidad y de no estar libre de corrupción, es más impopular que la propia Dilma. Una encuesta de Datafolha revela que solo el 2% de la población votaría por Temer en una elección presidencial.

Antes de esta crisis terminal, se anunciaba una recesión larga y profunda. Esta salida traumática puede obligar a elecciones anticipadas. Si llega a haber proselitismo electoral en medio del caos, habrá una tormenta perfecta hasta fin de año.

El problema no es solo del Brasil. Ese país representa el 40% del PIB regional en su conjunto. Si se cae, arrastra a muchos y nosotros somos el más expuesto. Esto lo saben bien los comerciantes de Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá, que sienten desde hace tiempo el impacto de la menor actividad comercial porque el tipo de cambio vuelve menos atractivas las compras fronterizas. Además, las crecientes inversiones brasileñas en nuestro país se van estancando. Como consecuencias inmediatas hay despidos, bajas salariales, achicamiento de personal de miles de pequeños negocios. Se verán golpeadas también las empresas maquiladores que producen para la industria automotriz brasileña. Si Brasil compra menos, Paraguay reduce las exportaciones de productos no tradicionales como cables, plásticos, textiles, calzados y quizás –¡Dios no lo permita!– hasta tabaco.

Estamos anclados al Brasil. Los economistas afirman que cuando el PIB del Brasil baja un punto, automáticamente el nuestro desciende medio punto. Siendo que el remedio puede ser peor que la enfermedad, aconsejaría a la derecha local que modere el entusiasmo. Más bien deberíamos temer a Temer.