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Revista Vida
martes 15 de noviembre de 2016, 17:17

Tejedoras de innovación

Cuatro mujeres representaron al país en el Mercado de Industrias Culturales del Sur, en Colombia. Aquí están ellas y sus productos.

Por Natalia Ferreira Barbosa / Fotos: Fernando Franceschelli

Este año se desarrolló la segunda edición del Mercado de Industrias Culturales del Sur, en Colombia, una plataforma para que especialistas del área de diseño, música, editorial, audiovisual, entre otras, tengan la oportunidad de promocionar los bienes y servicios generados a partir de las industrias culturales de 12 países. Un requisito para la participación es que el producto posea un componente autóctono nacional, y es así que cuatro mujeres del sector del diseño de moda fueron seleccionadas por la Secretaría Nacional de Cultura para representar al país.

Con estilo propio
En las creaciones de Guadalupe Quiñones, el ñandutí no es un simple invitado, sino el protagonista. "La forma en que trabajo rompe el esquema del patrón tradicional. Las artesanas usualmente trabajan sobre un bastidor con ciertas medidas. Lo que yo hago es un diseño en papel que luego se lleva al molde real, un gráfico con instrucciones de los hilos, colores y tipos de randas que ellas van a utilizar. Por eso no es ñandutí tradicional, yo no compro y pego el bordado, que es lo que se suele hacer. Cuando la gente adquiere algo hecho por nosotros, tiene la expectativa de que va a ser algo de ñandutí pero innovador", señala Guadalupe, quien, al igual que Pardo, fue por segunda vez al Micsur.
La diseñadora de la marca Morena Toro califica la experiencia como satisfactoria, además de destacar el interés del mercado argentino en la innovación artesanal en las prendas. "Fue gracias a la edición anterior del Micsur que me di cuenta de que tenía que dedicarme realmente a full, porque antes trabajaba en relación de dependencia. Gracias a esa experiencia, vi que los mercados estaban realmente interesados en mi producto. Entonces decidí que me iba a dedicar full time, y en eso estoy", sostiene la creativa, quien está trabajando en dos proyectos y además tiene la intención de unir a las industrias creativas, como un sector económico nacional, para hacerse escuchar y "que nos den la importancia que se les da a otras industrias, como la agropecuaria".
También reconoce que existe mayor valoración y reconocimiento hacia los productos artesanales. Los interesados pronto podrán ver más creaciones de Guadalupe en su tienda, que se inaugurará este mes. Además, sus diseños se encuentran en Boho y Turista Róga.

Puro talento

Yennifer Brítez.jpg

La mujer de cabello corto ensortijado viste un saco negro largo con bordado en ao po'i de color blanco. Basta mirar con atención su estilo y uno de sus últimos diseños para entender a qué se refiere con darle un giro moderno al tradicional bordado caracterizado por flores como el jazmín poty, la margarita y el ysyry. Se trata de Yennifer Brítez, propietaria de la marca AO, Aho Po'i Raity junto a su marido Robert Servián. Ella se encarga del diseño y producción de productos, y él, de la comercialización y exportación.

Esta es la primera vez que participa en el Micsur, algo que le abrió los ojos a la demanda potencial de los mercados de Latinoamérica, sobre todo Venezuela, Colombia y Argentina. Ya llevan un buen tiempo exportando a España, Francia y Uruguay, especialmente la línea femenina. Además, poseen una línea hogar -con manteles, camineros, individuales, hamacas y mantas- y otra de accesorios, compuesta por carteras, monederos, posavasos y chales. Todos ellos, con el distintivo ao po'i.
"Noté que Colombia es un país que protege mucho la identidad de sus artesanías, sobre todo la propiedad intelectual. Nos interesó porque también queremos trabajar eso a nivel país. Además, en la rueda de negocios, un grupo de argentinos apreció mucho el bordado a mano, sobre todo en lo que se refiere a la línea hogar, accesorios e indumentaria. Con todos concretamos negocios y ahora seguimos en contacto vía email", cuenta la diseñadora.
Hace más de cinco años, el mercado nacional no era el principal objetivo de la marca, según Yennifer. No obstante, poco a poco el panorama fue cambiando. "La artesanía de varios países se está perdiendo porque no la pueden mantener. En este sentido, Paraguay tiene mucho atractivo", dice Brítez. Ante la mayor demanda nacional, esperan abrir una tienda en Asunción, en diciembre, ya que hasta el momento la única está ubicada en Villarrica.

Un toque de sabor

Vero Pardo.jpg

Poco a poco los chefs locales están dejando a un lado el monótono delantal blanco como uniforme. Ellos y ellas quieren ahora que su personalidad se refleje no solo en sus platos, sino también en su estilo. Es aquí donde entra la diseñadora de indumentaria gastronómica Verónica Pardo, que empapa la cocina de colores vivos y diseños únicos con su marca Vro. Son los colores, los apliques de ñandutí y las chaquetas de ao po'i los que le dan ese toque singular a sus diseños.

"Para mí fue una experiencia muy positiva; en lo que se refiere a indumentaria gastronómica nadie llevó algo parecido. En Colombia no se hace nada que se compare con nuestra calidad, con nuestros colores, esa conjugación de arte. Ese fue nuestro termómetro. Confío en que vamos a entrar a ese mercado muy bien. Lo mejor que traje de esta experiencia fue la sensación de que Paraguay puede. Al principio iba achicada a los restaurantes, pero después mostraba mi catálogo y les encantaba mi trabajo. Ellos trabajaban con uniformes hechos de tela para mantel y nosotros tenemos el algodón. Cuando le hablábamos sobre la calidad de nuestra materia prima, enseguida nos recibían", reconoce Verónica, quien actualmente está trabajando en la colección 2017 y en la preparación de un programa de televisión.
Su viaje a Colombia le hizo recordar cómo era Asunción hace seis o siete años, cuando ella empezó este negocio. "Los cocineros de los restaurantes estaban medio escondidos en el fondo. Yo le decía a la gente que no tenía que esconder al cocinero, porque él es el motor. Por eso hay que mimarlo", recuerda. Además de convencer a los clientes, Verónica tuvo otro obstáculo al principio: el ser mujer. "Cuando me embaracé de mi segunda hija, la gente no me daba trabajo porque tenía miedo de que no pudiera cumplir, tampoco me querían recibir con la nena. Hoy ya superamos eso, cuando voy con mi hija, ella es una más".

Fino brillo

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Las orquídeas pierden su frescura para inmortalizar su belleza en oro a través de cientos de hilos que le dan forma a la flor. Son millones de hebras de oro y plata las que dan imagen a las ideas de la diseñadora de joyas Fiorella Galli, quien en la primera edición del Micsur solo envió a "sus hijos" –así es como cariñosamente llama a sus diseños–. Pero en esta ocasión sí fue y se encontró con una grata sorpresa. "En el stand, mucha gente se acercó y gracias a eso logré muchos contactos. Fue muy halagador que las personas se acerquen y me digan que otros les recomendaron que vean mi stand. Lo que sí me llamó la atención es que, aunque Paraguay no es el único que hace filigrana en Latinoamérica –porque Perú y Brasil también la hacen–, les haya resultado tan particular mi trabajo. Decían que era diferente a lo que estaban acostumbrados a ver", comenta Fiorella.

En esta oportunidad, ella logró contactar con posibles clientes de Argentina, Venezuela y Colombia. Lo que caracteriza a Joyas Fió es la filigrana, que Galli califica como el ADN de sus creaciones. Ese es el plus. Lo que ella hace, a su criterio, es rediseñar la filigrana con figuras inéditas, pero también se mantiene con líneas tradicionales.
Cuando se refiere a los obstáculos, se da cuenta de que a nivel internacional falta mucho apoyo de la marca país. "A menudo no se conoce Paraguay, lastimosamente. Y si nos conocen, no es por los mejores ejemplos. Mientras, en el mercado nacional existe una competencia desleal con el contrabando de joyas y la informalidad de las ventas", lamenta Galli.
No obstante, se mantiene optimista ante los nuevos procesos que se están desarrollando, sobre todo cuando el diseño se convierte en un vehículo de intercambio cultural y genera empleos, porque ella asegura que no trabaja sola, sino que hay una cadena de artesanos que participan del proceso.