TURQUÍA - ANKARA
Rebeldes sirios apoyados por fuerzas especiales, tanques y aviones turcos entraron ayer en uno de los últimos bastiones de Estado Islámico en la frontera entre Siria y Turquía, en la primera gran incursión de Ankara con respaldo estadounidense en su vecino del sur.
Una columna de al menos nueve tanques turcos entró en Siria junto al grupo de rebeldes, en su mayoría árabes y turcomanos, para expulsar al EI de Jarablus y localidades cercanas. Un reportero de Reuters en la frontera fue testigo de intensos bombardeos, con nubes de humo negro que salían del lugar.
El presidente turco, Tayyip Erdogan, dijo que la operación tiene como objetivo el EI y el partido kurdo PYD, cuyos avances en el norte de Siria han alarmado a Turquía. Ankara considera al PYD una extensión de los militantes kurdos que combaten una insurgencia en su propio territorio, lo que generó tensiones con Washington, que considera al grupo un aliado contra el EI. “Esta mañana, a las 04.00, comenzó una operación en el norte de Siria contra grupos terroristas que amenazan constantemente nuestro país, como Daesh (Estado Islámico) y PYD”, dijo Erdogan en un discurso en Ankara.
El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, que llegó a Turquía, un aliado clave de la OTAN, horas después del inicio de las operaciones, intentó calmar las preocupaciones turcas sobre los avances territoriales kurdos en Siria.
“No habrá un corredor (kurdo). Punto. No habrá una entidad diferente en la frontera turca. Habrá una Siria unida”, dijo en una conferencia de prensa conjunta en Ankara con el primer ministro turco, Binali Yildirim.
Biden dijo que Washington dejó claro a los combatientes de las milicias kurdas que deben regresar al este del río Éufrates de nuevo –una línea roja para Turquía– tras ayudar a capturar la ciudad de Manbij, al sur de Jarablus, este mes. “No pueden, no podrían y no tendrán apoyo estadounidense bajo ninguna circunstancia si no mantienen ese compromiso”, aseguró.