18 de agosto
Sábado
Poco nublado con tormentas
13°
28°
Domingo
Parcialmente nublado
22°
Lunes
Despejado
11°
23°
Martes
Despejado
17°
27°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
sábado 24 de junio de 2017, 02:00

Reconocimiento de errores

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

Era de los que pensaban que Horacio Cartes se hundiría en el desánimo luego del fracaso del proyecto de reelección. Suponía que el final trágico de la aventura lo llevaría a un prolongado inmovilismo. Me equivoqué de cabo a rabo. Quedé sorprendido por su rápida reacción. En pocos días movilizó a todo su movimiento; designó a un sorpresivo delfín; se desprendió de Afara; empezó a delinear sus gobernadores y listas parlamentarias y a alejar a la disidencia colorada de las mesas directivas de las dos cámaras. Mientras tanto, la respuesta de los disidentes fue más lenta y la de la oposición en general, casi nula.

Era de los que pensaban que el pacto del Frente Guasu y los llanistas con Cartes terminaría luego del fracaso del proyecto de reelección. Suponía que, luego de tantas críticas, intentarían despegarse del Gobierno para recobrar el perfil opositor. Me equivoqué de cabo a rabo. Quedé sorprendido de que esa extraña triple alianza siguiera en pie y le sirviera a Cartes para garantizar que el próximo fiscal general del Estado sea alguien de su agrado.

Era de los que pensaban que el poder de Cartes empezaría a declinar luego del fracaso del proyecto de reelección. Suponía que su influencia decaería por el reacomodo de los dirigentes partidarios ante la aparición del nuevo candidato. Me equivoqué de cabo a rabo. Santi Peña es lo que más se parece a la imposible reelección. El candidato es un seudópodo del actual presidente. Para los que no recuerdan las clases de biología del colegio, se trata de una prolongación de la célula, que se puede extender un poco, pero no tiene vida propia. Si gana Peña, vivirá en Mburuvicha Róga, pero el poder real estará en la avenida España, donde habrá alguien esperando que llegue el 2023 para volver a residir en la avenida Mariscal López.

Luego de reconocer mis errores de apreciación, debo intentar explicar por qué sucedieron.

En primer lugar, creo que subestimé dos aspectos básicos. Horacio Cartes muestra en la política la misma habilidad que tiene en el mundo empresarial, lo que no siempre es extrapolable. Pero en este caso sí, pues el mundo político paraguayo se ha adaptado muy bien a los criterios patronales de Cartes y a su inagotable billetera.

En segundo lugar, los opositores me desconciertan. No tanto los llanistas, cercanos a Cartes desde siempre, sino los del Frente Guasu, que siguen haciendo apuestas raras. Aceptaron una nueva violación constitucional para que el Consejo de la Magistratura y el Tribunal de Enjuiciamiento de Magistrados queden en manos del cartismo. A cambio de ello obtuvieron la presidencia del Senado para Fernando Lugo y un cándido e ilusorio impuesto a la soja. No puedo con tanta ingenuidad.

Por último, jamás imaginé que Cartes acumularía tanto poder. Se comunica mediocremente y cada vez hay más pobreza. Con un país así, es lógico que uno se equivoque de vez en cuando.