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Opinión
sábado 4 de junio de 2016, 01:00

Mitã rerahaha

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

En La Fiesta del Chivo, muy buena novela de Mario Vargas Llosa, se narra cómo el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo le echa el ojo a la bella Urania Cabral, de solo 14 años de edad, y obliga a su colaborador Agustín Cabral a entregar su propia hija para que el tirano la viole sexualmente en una noche de depravación. Vargas Llosa aclara que Urania es un personaje ficticio, pero encarna a otras niñas reales, abusadas sexualmente por el dictador.

En Paraguay estamos escribiendo ahora La Fiesta del Tembelo y no es una novela de ficción, sino la crónica tardía de una pavorosa realidad que permaneció semioculta por mucho tiempo, quizás porque pocas víctimas se animaron a denunciar, por miedo o vergüenza, pero más porque testigos y vecinos de esta perversa orgía criminal mantuvieron un silencio cómplice.

Rogelio Goiburú, director de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, es quien en una entrevista con Susana Oviedo llamó la atención sobre este costado oscuro de la historia del stronismo, hasta ahora no revisado en profundidad.

Abrir la caja de Pandora de la pedofilia dictatorial significó sumar testimonios a los que ya se conocían, como el de Julia Ozorio, arrancada de su hogar campesino en la compañía Guavirá, de Nueva Italia, cuando ella tenía solo 12 años, para ser violada por el coronel Pedro Julián Miers y mantenida en cautiverio en una finca de Laurelty, junto a otras niñas de entre 9 y 15 años, como esclavas sexuales para el propio Stroessner y otros jerarcas.

Sin duda el hallazgo más impactante es la historia de Malena Ashwell, narrada bajo el seudónimo de Ada Rodríguez al equipo del laureado periodista Jack Anderson, quien la publicó bajo su firma en el influyente diario The Washington Post, en diciembre de 1977.

La descripción de Ashwell sobre lo que vio en la casa harén que el tristemente célebre Popol Perrier mantenía en Sajonia resulta espeluznante: dos niñas de 8 años y otra de 9, desnudas, sangrando las áreas genitales, tras haber sido violadas.

A pesar de que Malena era esposa de un militar del stronismo y nieta de un gran caudillo colorado, no pudo callar. Por ello fue salvajemente torturada y obligada a exiliarse, pero su voz regresa, 40 años después, a confirmar que lo que muchos creían era solo una negra leyenda, fue una horrorosa realidad. El popular mito campesino del mitã rerahaha (ladrón de criaturas) se hizo cruel verdad.

¿De qué sirve enterarse ahora de que eso ocurrió? Principalmente para desmitificar a los nostálgicos de la dictadura, a los que eran felices y no lo sabían, a los que piden el cíclico retorno del autoritarismo. Para solidificar la memoria histórica y levantar muros ciudadanos para que nunca más surjan siniestros dictadores mitã rerahaha. Sirve para todo eso, y mucho más.