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Opinión
martes 13 de junio de 2017, 02:00

Luqueño

Enrique Vargas Peña
Por Enrique Vargas Peña

Santiago Peña (Santi) era liberal, pero ahora es colorado; era olimpista, pero puede ser luqueño como se vio días pasados en Luque: Todo depende de lo que le ordene su jefe, Horacio Cartes.

En obedecer a Cartes, Santi es inflexible, minimizando hasta el olvido el asesinato de Rodrigo Quintana y justificando el apresamiento ilegal de defensores de nuestra Constitución.

Santi estudió en Estados Unidos, pero como los Somoza de Nicaragua antes, o Faure Gnassingbé, actual dictador de Togo, y otros inescrupulosos que estudiaron allá, no aprendió los valores norteamericanos de democracia y honestidad.

Hay un muy buen artículo sobre estudiantes extranjeros, como Santi, en Estados Unidos, que no aprenden los valores norteamericanos, en la revista Foreign Policy Journal (http://bit.ly/2t8YyOG).

"La llegada de estudiantes extranjeros implica el riesgo de que alguno de los nuevos graduados pueda abusar de posiciones de poder en su país, usando su educación norteamericana como medio para apalancar su ascenso en sistemas autoritarios... Steven Levitsky, de la universidad de Harvard, usa como ejemplo a Mikheil Saakashvili, ex presidente de Georgia, egresado de la George Washington University, caracterizado por impulsar un 'Estado autoritario competitivo', uno de instituciones cuasidemocráticas pero sin democracia real".

"Instituciones cuasidemocráticas pero sin democracia real", dice Levitsky y parece estar describiendo el programa político de Cartes, que Santi quiere implementar: Reducir los poderes del Congreso, establecer un Ejecutivo hegemónico, usar la fiscalía contra los opositores y controlar a los medios de comunicación para impedir la crítica. Hasta ya sufrimos de nuevo exilios por razones políticas.

Sin embargo, el principal déficit de Santi es en el valor honestidad, que para los norteamericanos de a pie es muy importante. Parece que no aprendió ese valor mientras estuvo en Estados Unidos.

Santi fue por alrededor de tres años ministro de Hacienda y, por tanto, obligado por la Ley 109/91, entre otras cosas, a "La aplicación y la administración de todas las disposiciones legales referentes a los tributos fiscales, su percepción y su fiscalización... La formulación y manejo de la política fiscal del Estado en coordinación con las demás políticas gubernamentales... Toda otra función y competencia que las disposiciones legales pertinentes le atribuyen directamente o a sus reparticiones dependientes...".

Durante su gestión al frente de Hacienda nunca vio a los compradores de cigarrillos de la empresa de Cartes, Tabesa, a quienes nunca pidió sus liquidaciones aduaneras de exportación, ni de IVA, ni de IRP. Nunca pidió informes sobre ellos a Seprelad (que nunca los produjo), ni al BCP (que tampoco los hizo). Ni sus nombres preguntó. Sin embargo, esos compradores de Cartes venden en el exterior suficiente cigarrillo para abastecer a partes significativas de los mercados brasileño, colombiano y mexicano, convirtiendo a Tabesa en uno de los mayores contribuyentes paraguayos.

Un funcionario que deja pasar eso a pesar de estar obligado por la ley a no dejar pasar eso, no parece honesto.

Hasta el matrimonio gay llega la supuesta apertura mental de Santi, porque eso no afecta los intereses de Cartes. Pero sí afecta el poder de su jefe, a Santi ni los derechos humanos le interesan.