27 sept 2026

Los obispos alemanes fueron el motor clave del cónclave

Los cardenales alemanes jugaron un papel clave en el Sínodo de obispos que se clausuró ayer, con propuestas muy avanzadas, a menudo audaces, sobre temas como la reintegración de los divorciados que se vuelven a casar.

Cardenal Reinhard Marx.

Cardenal Reinhard Marx.

El llamado grupo Germánico era uno de los trece grupos lingüísticos que trabajó durante tres semanas en el Vaticano sobre los desafíos para la Iglesia que genera la familia moderna.

Sus contribuciones fueron apreciadas con unanimidad por los cerca de 400 obispos y cardenales convocados por el Papa en el Vaticano. A diferencia del grupo de habla francés Gallicus, donde la convivencia entre prelados europeos, africanos y canadienses no siempre fue fácil, con discusiones en ocasiones agrias, los germánicos (alemanes, austriacos, suizos) hicieron propuestas originales.

Los cardenales, todos teólogos brillantes y cultos, con posiciones muy variadas (conservadores, progresistas, moderados) trabajaron juntos como una gran familia, aseguraron varios observadores.

Los cardenales Reinhard Marx, Walter Kasper, emblema del progresismo por sus posiciones aperturistas; Christoph Schönborn, promotor de una Iglesia moderada que escucha al mundo; y Gerhard Ludwig Müller, intransigente guardián del dogma como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, líder de los conservadores, encontraron en casi un mes de deliberaciones lo que se tildó “la vía alemana” al sínodo.

Hasta el inflexible Müller no se opuso a la solución alcanzada en el documento final que acepta dar la comunión, según el caso y tras un proceso de elaboración y discernimiento, a los divorciados que se vuelven a casar civilmente que así lo deseen.

Se trata de acompañar a la persona en una suerte de toma de conciencia para volver a acceder a los sacramentos: confesión y comunión. afp