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Mundo
sábado 8 de julio de 2017, 09:27

Los chinos no quieren acoger refugiados de Oriente Medio

Mientras la comunidad internacional aumenta la presión para que los países desarrollados acojan a más refugiados, el Gobierno chino y, especialmente, sus ciudadanos, rechazan solucionar un problema del que no se sienten responsables.
EFE

El asunto generó un intenso debate a partir de la publicación de un vídeo de la Agencia de Refugiados de la ONU (UNHCR) por el Día Mundial del Refugiado, el pasado 20 de junio, en el que homenajeaba a más de 65 millones de personas que han perdido su hogar a causa de guerras y crisis humanitarias.

Sin embargo, la reacción de los usuarios de Weibo - el Twitter chino- no fue la esperada: la mayoría de las respuestas fueron críticas y, de hecho, los comentarios mejor valorados -algunos, compartidos más de 80.000 veces- eran contrarios a recibir refugiados de las crisis de Oriente Medio en territorio chino.

Uno de los que más interacciones recibió es el de un profesor de secundaria llamado Zhang Xiaohua, que escribió una lista de 6 puntos contra la acogida de refugiados, en la que destacaba que "los países que incitaron revoluciones tienen que ser responsables" y no pueden "exigir a China que asuma las consecuencias", porque Pekín "abogó por mantener la estabilidad" en estas áreas.

Zhang añade que la numerosa población de China hace que "no quepan" refugiados que puedan "convertirse en inmigrantes y dañar la imagen" de un Gobierno "que aplica la planificación familiar", e indica que su país ha "donado mucho" y ha mostrado "buena voluntad y responsabilidad", por lo que "no hay por qué recibirles".

Uno de los puntos de su comentario con más apoyo es el temor a que entre los refugiados haya extremistas religiosos que "puedan afectar a la estabilidad y a la seguridad del país".

De hecho, este último argumento ha sido compartido incluso por el diario oficialista Global Times, que publicó una columna en la que el investigador de la Academia China de Comercio Internacional y Cooperación Económica Mei Xinyu cita el "ejemplo destructivo" de la crisis de los refugiados en Europa.

"La llegada de refugiados de regiones políticamente inestables y con malos historiales de seguridad supondría una gran presión para la seguridad y la estabilidad de China", según Mei, a lo que el medio añade que "aceptar a demasiados refugiados podría privar a China de un ambiente estable para el desarrollo".

Precisamente el progreso económico es otro de los argumentos más repetidos en contra de la acogida: en otro artículo, el diario señala que "China está aprovechando su desarrollo para estimular la economía global" con iniciativas como las Nuevas Rutas de la Seda, por lo que "si se ve envuelta en caos, el mundo sufrirá las consecuencias".

Otros usuarios en Weibo, como Fanchuanshangdeyu, reducen las explicaciones a algo mucho más básico: "Aún hay mucha gente en China que vive bajo el umbral de la pobreza y no puede siquiera pagar las facturas médicas. ¿No deberíamos solucionar nuestros propios problemas primero?".

La portavoz de UNHCR en el país asiático, Liu Shujun, achacó en declaraciones a Efe este rechazo entre buena parte de la población china a que "la gente hace una mala interpretación del asunto", ya que "pueden pensar que son extremistas islámicos de Oriente Medio pero en realidad son víctimas de la violencia".

Los registros de la agencia revelan que China, que adolece de una legislación sobre refugiados, acogía a finales de 2016 a unas 318.000 personas, de las que todas (menos 819) procedían de Vietnam.

Liu lamentó esta situación, ya que "los refugiados solo pueden estar aquí temporalmente y al final tienen que volver a su país o a un tercer país".

La postura del Ejecutivo chino no dista mucho de la de su ciudadanía: el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, dijo, tras entrevistarse con su homólogo libanés el pasado 23 de junio, que "los refugiados no son inmigrantes y al final volverán a sus propios países para reconstruirlos", un "deseo" que Pekín "ayudará a hacer realidad".

Según los datos de UNHCR, el Gobierno chino ha aumentado en los últimos años su contribución a los programas de refugiados, disparando su aporte desde los 2,8 millones de dólares (2,4 millones de euros) de 2016 hasta los 12,5 millones de dólares (10,9 millones de euros) en lo que va de año.