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Opinión
miércoles 31 de mayo de 2017, 02:00

Lecciones de Curuguaty

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

¡Sorpresa! Se puede matar con un arma que no ha disparado. A esta conclusión llegó, después de largas deliberaciones, la Cámara de Apelaciones de Canindeyú el 29 de mayo de 2017. Por respeto a la magistratura no digo, como Roosevelt, un día que quedará en la infamia.

La Cámara de Apelaciones confirmó la sentencia de primera instancia, dictada el 11 de julio de 2016. La originalísima sentencia condenó a Rubén Villalba y Luis Olmedo a 35 y 20 años de cárcel, respectivamente, por matar al oficial Éver Lovera con la misma escopeta y con las mismas balas, cuatro en total, lo cual hubiera sido un homicidio al alimón. Corrida al alimón es aquella en que dos toreros torean al mismo toro con la misma capa. ¿Puede dispararse una escopeta entre dos? No en este caso: según las pericias efectuadas en el proceso, la escopeta identificada como el arma homicida no se había disparado. No hay manera de confirmar este absurdo, como lo confirmó la segunda instancia.

Ahora bien, en Curuguaty murieron diecisiete personas el 15 de junio de 2012, ¿podemos suponer que las cuatro balas mataron a los diecisiete? No, porque condenaron a otros acusados sin decir con qué mataron ellos. Es habitual hacerlo, pero no se comprobó que ninguna de las armas presentadas por la Fiscalía perteneciera a ninguno de los imputados; que ninguno las hubiera utilizado; que ninguna hubiera matado. Tampoco fue necesario hacerlo: Arnaldo Quintana y Néstor Castro fueron condenados a 18 años de cárcel, por homicidas, por haber recibido sendos balazos; no porque balearon, sino porque los balearon a ellos. A Quintana lo apresaron desarmado, en la ruta de Curuguaty (se lo puede ver en un video); a Castro, en el hospital de Puente Kyha, al día siguiente, a kilómetros del lugar del tiroteo del 15 de junio de 2012

Hubiera sido mejor que, en el lugar y el día del tiroteo, también apresaran a Fermín Paredes y a Delfín Duarte, quienes estaban allí. Ellos hablaron con sus familiares con sus celulares, para decirles que necesitaban ayuda, porque estaban heridos. Los mataron después con disparos a quemarropa y ocultaron el crimen, que fue descubierto por el grupo de investigación dirigido por Laíno, sin que el tribunal lo tuviera en cuenta.

Tuvo más suerte Lucía Agüero, porque la condenaron solamente a seis años de cárcel por haber recibido un balazo en la pierna. Según la Fiscalía, Lucía estaba con un niño en brazos y salió corriendo cuando comenzó el tiroteo, prueba irrefutable de culpabilidad. También fueron condenadas a seis años Fani Olmedo y Dolores Peralta, aunque no estuvieran heridas y fueran apresadas a kilómetros de distancia del lugar del hecho.

Además de los once condenados, hay casi cincuenta imputados, que pueden ser condenados en cualquier momento. La marihuana paraguaya es la mejor, la Justicia paraguaya está a su altura.