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Opinión
miércoles 31 de agosto de 2016, 02:00

Las dos caras de un país

Por Susana Oviedo, soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

A menos de 24 horas de las desubicadas expresiones del senador Carlos Núñez, quien añora volver a tener a un general Stroessner para poner fin a la violencia practicada por los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), ayer se dio a conocer la noticia de las primeras identificaciones a través de sus restos óseos de dos víctimas de aquella época oscura y sanguinaria de nuestro país y de la región, que reivindica el legislador.

Frente al lamentable e indignante aporte del retrógrado parlamentario colorado, venerador del déspota militar, resultó un bálsamo ayer la noticia que proveyó el incansable doctor Rogelio Goiburú, responsable del Equipo Nacional para la Investigación, Búsqueda e Identificación de Personas Detenidas y Desaparecidas entre 1954 y 1989.

El también hijo de desaparecido (su padre fue el Dr. Agustín Goiburú), informó que los estudios genéticos de los restos óseos que halló en la ex Guardia de Seguridad, permitieron comprobar que estos pertenecen al paraguayo Miguel Ángel Soler, desaparecido en 1975 en Asunción, y a la italiana nacionalizada argentina Rafaela Giuliana Filipazzi, desaparecida en Montevideo en 1977.

Ambos, en la época en que funcionaba una especie de Mercosur del Terror, a través de un operativo de intercambio de información y prisioneros que crearon las dictaduras sudamericanas, y que se denominó Plan Cóndor.

Dos situaciones que nos plantean las dos caras de un país donde conviven los paraguayos que lucharon porque aquí rigieran los derechos humanos, se viviera en libertad e instalara el sistema democrático; y los que se identificaron plenamente con el modelo autoritario y de terror. Consintieron los abusos o actuaron como si no existieran las torturas, los apresamientos ilegales, asesinatos y desapariciones en manos del stronismo.

Ellos fueron funcionales al sistema y, pese a la nueva etapa iniciada hace 27 años, siguen pensando y andando como entonces. No toleran la diversidad, el disenso, la libertad con responsabilidad, y todavía ven al mundo y a la sociedad divididos en comunistas y capitalistas. Temen a los "zurdos". Piensan como Núñez.

Así que queda un largo trecho por recorrer para que un mayor porcentaje la población internalice los valores de la democracia y los traduzca en un estilo de vida. El camino transitado hasta ahora es mérito de muchos compatriotas, entre ellos los desaparecidos y los familiares de estos, que merecen todo el respeto. Algo que Núñez no sabe lo que es.