El Ciclón fue consumido innecesariamente por las ganas de quebrar el arco visitante la primera hora de juego. Avanzó como pudo y el orden estuvo lejos del repertorio planificado por Florentín. De tanto buscar como sea romper el cero en el partido se olvidó de proteger su zona defensiva que, si no fuera por Antony, el comentario sería otro. Dos errores en defensa hicieron tambalear a los hinchas en Sajonia que volvieron a respirar con tranquilidad tras las intervenciones de Silva, que ya se convertía en la figura a esas alturas.
Cuando los nervios se hacían presentes en el campo y en las gradas emergió la figura infaltable del Ciclón. Domínguez golpeó con la fuerza de un país un remate de cabeza y provocó la primera explosión en Sajonia. Desde ese instante volvió el fútbol y el control para someter a un aturdido rival.
El segundo tiempo fue todo Cerro. La expulsión de Caicedo facilitó el expediente. Claridad en el manejo de los tiempos y de la pelota hicieron que los azulgranas supieran optimizar sus fortalezas y emergieran los pilares del equipo. El corazón de Rodrigo, la garra de Palito, la calidad de Riveros y el talento de Domínguez. Este último se robó los aplausos, las tomas fotográficas. Cecilio, el grande, aseguró una clasificación que nunca estuvo en duda.