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Opinión
domingo 25 de septiembre de 2016, 02:00

La violencia

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

Más de 260.000 muertos. Centenares de miles de desaparecidos. Siete millones de desplazados. Violaciones. Secuestros. Atentados. Magnicidios. Narcotráfico. Narcopolítica.

Esta es la triste radiografía de Colombia, un país que sufrió el más largo conflicto interno del hemisferio occidental y que mañana, al firmar la paz con las FARC, empezará a cerrar tan terrible herida. Por suerte, en la ignominiosa lucha su democracia supo sobrevivir. Nosotros quizás no tengamos esa suerte.

El conflicto armado comenzó en la década del 50 con la guerra civil entre liberales y conservadores. La época fue conocida lacónicamente como La Violencia. A fines de los 60 se crearon las FARC con hombres del liberalismo que luego se tornaron comunistas. Aparecieron luego los paramilitares para combatir los abusos de la guerrilla. Después los ingentes recursos del narcotráfico dieron un nuevo y mucho más mortal giro a la espiral de violencia, y el terror creció... Finalmente, EEUU decidió aplicar el Plan Colombia para morigerar a los carteles de la drogas y para asfixiar a la guerrilla, los que para esa altura ya llevaban años en un obsceno matrimonio con la aviesa servidumbre de una clase política felona y corrupta.

Los analistas ven tres ejes en la raíz del problema. Uno es la costumbre de resolver los conflictos políticos con violencia, por lo general ejercida desde el poder. Luego está la falta de resolución de la propiedad de las tierras rurales. Y por último la carencia de una cultura que fomente la pluralidad en el ejercicio de la política.

Hay similitudes con la realidad social paraguaya, aunque con mucho menor apego a la democracia. Por eso es más que importante que aprendamos del dolor ajeno y combatamos los síntomas de un problema que de crecer aún más puede terminar por llenarnos de sangre.

En Paraguay el panorama es el siguiente: el EPP es anacrónico y no tiene apoyo internacional, aunque se debe temer una eventual injerencia de mano de obra colombiana desocupada. El narcotráfico es manejado por grupos brasileños y sus aliados nacionales van copando peligrosamente lugares político-partidarios. El surgimiento de grupos paramilitares es improbable por el momento. La violencia es básicamente rural y fronteriza. Pero la cultura del crimen y el aprecio hacia los criminales falsamente exitosos persisten.

Por eso hay que repudiar a Jarvis Pavão, que convertido en oportuno enemigo del Gobierno, a muchos de cuyos integrantes parece conocer muy bien, se quiere presentar como un hombre justo cuando es un vulgar delincuente.