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Opinión
jueves 13 de octubre de 2016, 02:00

La lucha de Mainumby

Por Gustavo A. Olmedo B. – golmedo@uhora.com.py
Por Gustavo Olmedo

Una persona puede afirmar algo no verdadero por ignorancia o desconocimiento del tema o contexto en cuestión, así como también puede hacerlo de manera consciente y de mala fe, provocando daños muy graves.

Preocupado por las publicaciones que hablaban de la dramática situación en la que se encuentra la niña-madre, conocida como Mainumby, conversamos con algunas personas que tienen la autorización de llegar hasta ella e informarse del proceso que sigue. Grande fue la sorpresa al constatar que las informaciones sobre el abandono y desolación estaban muy alejadas de la realidad, eran falsas.

La prioridad en este momento –señalan los profesionales que acompañan a la menor y su familia– es resguardar el derecho a la intimidad de la niña y evitar "por todos los medios" su revictimización, razón por la cual muchas explicaciones o detalles sobre el caso no pueden ser publicitados.

Mainumby cuenta con una vivienda confortable, ayuda alimentaria y asistencia médica (control mensual y servicio para imprevistos), apoyo terapéutico semanal y traslados. Para ello, según explican, cuenta con el acompañamiento de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Asunción, la Secretaría de la Niñez y Adolescencia, el Santuario Virgen de Rosario de Luque, la Red Interamericana de Derechos Humanos, la Asociación de Pastores Evangélicos y la Pastoral de la Familia de la Conferencia Episcopal Paraguaya, entre otros. Es decir, no está abandonada. ¿Cómo es posible llegar a este nivel de falsedad? ¿Qué interés habría para asegurar que esta niña está descuidada y olvidada? Y las posibilidades no son muchas: el lucro, lucha de intereses o el terrible objetivo de encontrar en Paraguay alguna "víctima" que pueda ser instrumentada y utilizada para legalizar el asesinato de niños y niñas en el vientre materno. Triste y macabro.

Mainumby, que quiere ser abogada cuando grande, según sus allegados, sufrió mucho y es una gran luchadora, al igual que su bebé, a quien le puso el nombre de Milagros, una verdadera sobreviviente de las presiones de Amnistía Internacional y de organizaciones feministas que promovieron su muerte, con el argumento de defender a su madre.

Esta niña-madre, víctima de abusos y maltratos que el Estado, la familia y la sociedad toda deben evitar, exige y merece respeto, y el reconocimiento pleno de su dignidad, más allá de cualquier etiqueta. Un lucha que aún será larga para la valiente Mainumby, y un desafío enorme para aquellos que con afecto se esfuerzan por su crecimiento y maduración.