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Opinión
lunes 12 de septiembre de 2016, 01:00

La historia jamás contada

Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com
Por Sergio Cáceres

El gobierno de Cartes va hacia su franca decadencia en esta segunda mitad de su mandato. Como presumíamos, no ha cumplido casi nada de sus promesas y a estas alturas ya sabemos que lo que le resta de tiempo no le alcanzará para hacerlo, y dudamos seriamente que quiera hacerlo. Entonces la siguiente estrategia del Nuevo Rumbo es recurrir al ilusionismo para mantener calmada a la gente. Como el estómago vacío urge, hay que desviar la atención hacia la magia o historias fantásticas. De este modo empiezan a tener fuerza los vendedores de humo llamados líderes motivacionales.

Primero aparece el semipastor evangélico John Maxwell para decirnos que todos tenemos una gran historia que contar y para eso nos "regala" su libro y una agenda en blanco donde escribiremos esa maravillosa historia jamás contada en qué consistirá nuestra futura vida. Que lindo, ¿no?

Maxwell volverá en breve para ver si los cientos de alumnos arreados a su charla motivacional –que no entendieron casi nada por el calor y la traducción– hicieron la tarea. Por supuesto, él ya sabe que la gran mayoría no lo hará, o lo hará a medias. Para su regreso seguro ya tiene preparado el discurso que justifique semejante fracaso y mentira contada a los estudiantes.

Siguiendo con la misma política, la arquitecta y urbanista Mabel Causarano es sacada como ministra de Cultura y en su lugar lo ubican al bioquímico Fernando Griffith. Por supuesto, este último no es puesto ahí por su sapiencia en el campo de la química, sino porque juega muy bien el mismo juego de Maxwell: motivar. Solo que lo que él hace es vender un humo cuyo olor sí lo conocemos muy bien: la utilización de la historia romántica paraguaya para hacernos creer que somos una raza cósmica, en cuyo ADN está implantado el éxito seguro.

En los lastimosos videos que cuelga en Youtube, las ideas sobre nuestra historia, el concepto de cultura y biología que utiliza lo acercan peligrosamente al fascismo y al darwinismo social, como me lo han indicado historiadores, filósofos y antropólogos. El concepto de cultura –que subyace en la Ley de Cultura que a su vez es la base de las acciones y proyectos del Ministerio de Cultura– es totalmente contrario a sus creencias. ¿Qué política cultural implantará Griffith? Da miedo el solo pensarlo.

Lo triste de todo es que con esta cortina de humo que desesperadamente empieza a lanzarse desde el Palacio de López, cuando nos demos cuenta estaremos endeudados hasta el cogote, con la pobreza igual o peor que antes. Al menos sabremos que somos una raza espectacular, que solo a base de mandioca y cocido pudo contra tres países. Cuentos para seguir dormidos. ¿Alguna vez despertaremos?