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Opinión
miércoles 4 de enero de 2017, 02:00

La frustración de pagar tributos que desaparecen

Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

Por esta época, aprovechando el aguinaldo, la gente se pone al día con los impuestos, tasas y contribuciones especiales en sus respectivos municipios.

Creo que no erraría mucho al decir que muy pocos serán los que lo hacen con entusiasmo y satisfacción, porque observan que su dinero será reinvertido, y bien, en obras, en seguridad, en hermoseamiento de su ciudad, y en un plan a largo plazo que trasciende los 5 años del intendente de turno.

En algunas comunas cumplir con el pago de los tributos municipales es aún más a regañadientes, no por falta de voluntad, sino porque desmotiva el manejo corrupto, ineficiente y clientelista de una buena parte de los gobiernos locales.

Por eso provoca mayor irritación aún tener que hacerlo cuando la desconfianza hacia la intendencia y sus administradores está ampliamente justificada.

Tomemos como ejemplo a Lambaré donde el anterior intendente, el colorado Roberto Cárdenas, prácticamente desvalijó la institución; y el actual, Armando Gómez (PLRA), está con una intervención pendiente, en menos de un año de gestión, sospechado de irregularidades.

¿Qué se puede esperar de una municipalidad así, donde el primero abarrotó de funcionarios el pequeño edificio municipal, el segundo se deshizo de una buena parte de estos, para crear las vacancias y llenar los cargos con sus partidarios?

El liberal repite las prácticas clientelistas del primero y entre ambos contribuyeron a hundir a la institución. Actualmente, ni siquiera se pudo cubrir los salarios de noviembre y diciembre de los funcionarios.

En estas circunstancias, y con la certeza de que gran parte de lo que la Municipalidad logre recaudar será destinada a pagar salarios, se agudiza aún más la antipatía que provoca cumplir con la obligación ciudadana de ponerse al día con los impuestos y tasas municipales. Más aún, cuando existen en el país otros municipios que demuestran que con honestidad, mucho trabajo y respeto al contribuyente se convierten en motores de transformación y desarrollo, como sucede en Encarnación o en Mariscal Estigarribia.

Ejemplos hay. Que quieran tomarlos como modelo es otra cosa, pero lo que tienen que saber las administraciones municipales de pésimo rendimiento y manejos oscuros es que pueden triplicar sus ingresos tributarios si se remangan y trabajan por la comunidad a la que se deben.

Por de pronto, en Lambaré no se puede esperar que reparen las calles que un año atrás tenían algunos baches y ahora, cráteres. Tampoco inversiones en nuevas obras, mejoramiento de plazas ni programas sociales. La urgencia en estos momentos –provocada por el administrador anterior y el actual– es recaudar para pagar a los numerosos funcionarios que incorporaron, sin un plan.