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Mundo
viernes 24 de marzo de 2017, 21:48

La derrota sanitaria de Trump demuestra que tiene al enemigo en casa

La derrota sufrida este viernes por Donald Trump en su intento de derogar la ley sanitaria de su predecesor, Barack Obama, ha puesto en evidencia las dificultades que habrá de sortear el multimillonario para sacar adelante su agenda política pese a contar con un Congreso de abrumadora mayoría republicana.
EFE

Cuando el magnate sorprendió contra todo pronóstico el pasado 8 de noviembre venciendo a la demócrata Hillary Clinton en los comicios presidenciales, los legisladores republicanos también lo hicieron afianzando su poder en el Capitolio, lo que, a primera vista, suponía todas las facilidades futuras para un Gobierno de Trump.

Sin embargo, aquella victoria del magnate, alimentada por una campaña llena de ataques al propio seno de su partido, no puso fin a esa división de la que se aprovechó en campaña y que, como ha demostrado hoy su estrepitoso fracaso con la ley de salud, sigue viva en los pasillos del Congreso.

Acabar con el conocido Obamacare, el sistema sanitario impulsado por el expresidente en 2010, ha sido una de las principales obsesiones republicanas en los últimos años, y aunque en eso coinciden de manera unánime presidente y congresistas, los conservadores están muy lejos de converger en cómo plantear una alternativa.

Tras semanas de negociaciones e intentándolo hasta el último minuto, ni Trump, ni el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, fueron capaces de sumar hoy los 216 votos necesarios para aprobar su propuesta en el pleno, una ley que a ojos del ala más radical del partido, y también de los más moderados, era inaceptable.

Los últimos recuentos sobre cómo se estaban decantando los congresistas republicanos llegaron a sumar cerca de cuarenta votos en contra del texto, una cifra demasiado amplia de disidencia para ser dentro de sus propias filas.

Asumir el golpe y anunciar finalmente la retirada de su propuesta no ha sido tan sencillo para el multimillonario, quien en declaraciones a la prensa desde la Casa Blanca prefirió culpar de su sonada derrota a los demócratas por no votar a favor de una ley republicana, que a sus "amigos" del ultraconservador Caucus de la Libertad, quienes bloquearon el proyecto.

"No tenemos apoyo demócrata, no tenemos ningún voto de los demócratas, ni uno solo, así que de esta manera es muy difícil", argumentó el magnate con un ilógico argumento al demandar el apoyo de la oposición, en vez del de sus compañeros de partido.

El revés sufrido hoy se suma además a los dos bloqueos judiciales que recayeron sobre las órdenes ejecutivas que rubricó para prohibir la entrada temporal de refugiados y ciudadanos de ciertos países de mayoría musulmana, minando aún más sus intentos apresurados por cumplir sus promesas de campaña.

Preguntado por cómo se sentía por no haber logrado convencer a los miembros del Caucus de la Libertad, descartó traición alguna: "No me siento traicionado, porque son mis amigos", aseveró.

"Estoy decepcionado, porque podríamos haberlo conseguido. Así que estoy decepcionado, y un poco sorprendido", reconoció el presidente, quien además se apresuró a minusvalorar el texto que había defendido horas antes a ultranza para decir que contenía aspectos que "no le gustaban tanto".

Aunque los primeros análisis electorales apuntaban a que Trump se habría llevado los votos de los republicanos afines al Tea Party en noviembre, los resultados de los comicios no le dieron victorias tan amplias en los distritos donde los ultraconservadores han logrado ganar escaños, por lo que sienten una mayor libertad para poder contradecir al magnate sin miedo a perder sus asientos.

Por tanto, son precisamente sus "amigos" del Congreso quienes le pondrán las cosas más difíciles si en algo, como ha ocurrido con la ley sanitaria, no están de acuerdo.

No obstante, el multimillonario ha dejado claro en numerosas ocasiones que no es de los que se da por vencido, y ya ha anunciado que se dispone a trabajar sobre su gran reforma fiscal, para la que de nuevo tendrá que lidiar con unos compañeros de partido nada dóciles.