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Opinión
sábado 11 de junio de 2016, 01:00

Infierno en Tacumbú

Por Andrés Colmán Gutiérrez - En Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

¿No aprendimos? ¿Será que no vamos a aprender nunca...?

En la tragedia del supermercado Ycuá Bolaños, en agosto del 2004, murieron calcinadas casi 400 personas, pero todavía existen muchos edificios y locales sin adecuadas salidas de emergencia, ni correctos sistemas de prevención de incendios. En cualquier momento puede volver a ocurrir otro Ycuá Bolaños... pero no aprendimos.

En la entonces cárcel de menores Panchito López, durante tres incendios ocurridos en los años 2000 y 2001, murieron quemados 12 niños y adolescentes, mientras decenas resultaron con graves heridas. El factor detonante fue el hacinamiento inhumano: había 300 internos en un lugar solo preparado para 15. Por este caso, el Estado paraguayo fue sancionado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que condenó su cavernaria política penitenciaria... pero no aprendimos.

En diciembre del 2001, en un incendio desatado tras un motín de los reclusos, en protesta por el hacinamiento en la cárcel regional de Ciudad del Este, murieron calcinados 10 presos y quedaron heridos cerca de medio centenar... pero no aprendimos.

Esta misma semana, una serie de publicaciones de Última Hora, tomando como base los informes del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP), ponía al desnudo la patética situación penitenciaria. Los datos revelan que nos encontramos en el momento de mayor hacinamiento en la historia carcelaria: Una superpoblación crítica que llega al 97,8% en todo el país.

La Penitenciaría de Tacumbú, con capacidad para 1.687 reclusos, tiene en realidad 3.483, según estadísticas del MNP. Es decir, aloja al triple de su capacidad. Pabellones repletos, gente durmiendo en el piso, en pasillos y corredores. Quizás por ello, en el lenguaje marginal nunca dicen "le mandaron a la cárcel", sino "le mandaron al infierno".

Hay quienes dicen que la cárcel no debe ser un hotel cinco estrellas y que quienes caen allí merecen sufrir, pero bien sabemos que los grandes delincuentes nunca caen presos, a ellos no los toca la Justicia. Y si por acaso hacen alguna pasantía carcelaria, obtienen celdas vip, dirigen sus negociados desde allí, hasta montan puestos de comando político para las elecciones.

La tragedia del incendio de este viernes en Tacumbú, que dejó 6 dolorosas muertes y varios heridos, podría haber sido evitada. Las próximas tragedias también podrían evitarse, pero para ello no solo hay que construir mejores cárceles, sino empezar por revisar las bases de una sociedad que fabrica delincuentes, remover a un sistema judicial corrupto que mantiene a casi el 80% de los presos sin condena.

De nada sirve construir nuevos edificios penitenciarios cuando se da luz verde a las mafias carcelarias y las reclusas son obligadas a prostituirse para sobrevivir. Hay mucho por cambiar, pero nada se hará si no hay presión ciudadana. Y para eso... debemos aprender.