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Economía
sábado 17 de septiembre de 2016, 01:00

Indigentes de Paraguay, con el menor nivel de escolaridad

Los niños paraguayos cuyas familias se encuentran en situación de pobreza extrema tienen los niveles de escolaridad más bajos de la región, según el estudio realizado por el Banco Mundial.

Los menores que terminan el sexto grado a tiempo en Paraguay es apenas el 19,9%, lo que nos ubica en el penúltimo lugar en la región, pese a que la propia Constitución Nacional ordena que el acceso a la educación debe ser universal y gratuita.

“Los niños que nacen en contextos de pobreza tienen menos oportunidades que aquellos que son más afortunados, lo cual crea un canal para la baja movilidad social y la persistencia intergeneracional de la pobreza”, lamentan los investigadores.

Al verificar el nivel de culminación a tiempo de los estudios secundarios por parte de los paraguayos en estado de pobreza extrema, el informe muestra que esto alcanza apenas al 35,5%.

Con este resultado, Paraguay se ubica como el peor país cuya población indigente logra concluir cuanto menos sus estudios secundarios en la región.

“El estado mental también parece tener un impacto en la transmisión intergeneracional de la pobreza crónica. Hallamos que las aspiraciones educacionales de niños y niñas se ven afectadas también por las aspiraciones de sus propios progenitores, que tienden a ser más bajas entre los pobres crónicos”, indican.

alternativas. El estudio denominado Los Olvidados hace un llamado a trabajar por mejorar el entorno en el que habitan las familias de escasos recursos.

Indican que, por ejemplo, obras de infraestructura como carreteras asfaltadas pueden incrementar el comercio y ofrecer mayores oportunidades para vender productos.

“La industrialización genera puestos de trabajo que pagan mejor que la agricultura. La cobertura universal de salud ayuda a las personas a recuperarse y, una Policía de mejor calidad reduce tasas de criminalidad y eleva la rentabilidad de los negocios. Una política social óptima debería, por lo tanto, equilibrar el apoyo directo a los pobres extremos con un aumento de las inversiones dirigidas a mejorar su entorno”, concluye el estudio del BM.