Fue su cuarta Nochebuena en la sala de Internación del Hospital Pediátrico Acosta Ñu junto a su pequeño luchador Ángel, de 3 años y 7 meses. María Ortiz asegura que la llegada de la Navidad tiene un sentido especial porque lo comparte con otras madres que pelean como ella por la recuperación de sus hijos y que la esperanza se renueva al preparar una celebración como una gran familia dentro del servicio.
“Llevo cuatro años pasando las fiestas acá. Volvimos a entrar y salir desde agosto después de estar internados dos años con mi hijo. Compartimos siempre, preparamos la mesa entre todas las madres y tratamos de pasar bien”, cuenta la madre.
Su pequeño nació a las 27 semanas de gestación junto a su gemelo, que falleció, y fue Ángel quien quedó con su mamá y sufrió una neumonía recurrente que lo mantiene conectado a un oxígeno. Nada de eso borra su sonrisa y orgullosa cuenta que su pequeño ya camina, cada día está más fuerte superando todo lo que se presenta. "Él ya pasó por mucho”, afirma mientras mira su fotografía.
María compartió la cena de Nochebuena con cerca de 100 personas en el albergue del hospital donde disfrutaron de un menú ofrecido por el nosocomio.
“Quiero un futbolito, ya le entregué la carta a mi mamá para los Reyes Magos”, señala Isaías Balbuena, de 6 años, mientras se entretiene con las piezas de un rompecabezas en la sala de juegos del Acosta Ñu. Desde hace 8 días ingresó por una infección y su madre Silvana Lezcano lo acompaña en su recuperación. Son sus primeras fiestas en el hospital y la madre admite que no fue fácil para ella. “Es una sensación diferente sin la familia y además acá se ve mucha necesidad, es triste pasar acá con mi hijo, para mí es difícil. Él está muy bien y disfruta con todos los regalos que le llegan todos los días. Todo es diferente y tratamos de pasar lo mejor posible”, agrega la madre.
En total son 100 los internados en los servicios de Urgencias, Medicina Interna, Cardiología, Terapia Intermedia e Intensiva que pasan estas fiestas en el Acosta Ñu.