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Opinión
domingo 5 de febrero de 2017, 01:00

Estado de crispación

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Villalba

El eterno enero caliente cerró con la más alta crispación política entre el Gobierno y un sector de la oposición. El punto álgido de la semana fue la denuncia ante la Fiscalía contra un supuesto plan para asesinar al presidente de la República, rescatado de un chat del Whatsapp de 20 senadores.

El tono va subiendo de color y eso que aún falta el tratamiento de la enmienda para la reelección presidencial, que podría ser un punto de quiebre si las partes no ceden o llegan a un gran acuerdo, que a estas alturas parece improbable.

Además del enfrentamiento político, Horacio Cartes mantiene otro con el sector empresarial que salió en bloque a rechazar la nueva reglamentación del impuesto a la renta personal, protesta a la que se suman los gremios de trabajadores que cuestionan la retención salarial.

En medio del estado de crispación permanente, el plan de la enmienda continúa en la agenda de los aliados cartistas, luguistas y llanistas, pero en una alianza que cada vez incomoda más a los pactistas.

CARTISMO VS. ULTRACARTISMO. Fracasado el plan de las firmas pro reelección, el oficialismo encontró en el supuesto plan para asesinar al presidente el ruido perfecto para evitar que se hable más del bochorno de las planillas.

La gravedad de la denuncia del supuesto magnicidio cae por su propio peso por ser el origen de un debate grupal. Nadie en su sano juicio organiza el asesinato de un presidente con emoticones. Pero será la Fiscalía la que determine la veracidad de la denuncia calificada por los disidentes como un burdo montaje e incluso como un espionaje. Un caso que pone a prueba la independencia del Ministerio Público.

En tanto, hay 600 páginas impresas del intercambio de opinión entre los senadores disidentes que seguramente el oficialismo irá lanzando a cuentagotas como pruebas de la desestabilización contra el Gobierno.

Pero en el cartismo no todo es color de rosa. Está empezando a mostrar diferencias por el excesivo protagonismo de algunos miembros que buscan posicionarse para agradar al presidente buscando un lugar en su lista del 2018.

"Lidiamos con los cepilleros", admitió un cercano al presidente al rememorar el bochorno de las planillas, que "nos hizo meter la pata". Otros alertaron la innecesaria contribución de algunos del entorno en atizar el fuego de la crispación política.

Cartes en este momento tiene varios frentes de conflicto. Empieza el año con pelea con empresarios, una guerra que le puede costar caro. Él sabe, como tradicional aportante de candidatos, que el poder económico es un jugador clave en el ajedrez político. Algunos sectores afectados por sus medidas económicas ya recibieron llamadas de precandidatos presidenciales que les prometen devolución de derechos o privilegios a cambio de apoyo económico para la campaña.

Pero en medio de la humareda de la crispación, están optimistas porque el pacto para la reelección sigue inalterable. El oficialismo maneja marzo, cuando se reinicie el periodo legislativo, como fecha para aprobar la enmienda y mayo para el referéndum. Dan por descontado que ganará el SÍ, gracias al apoyo de Fernando Lugo y Blas Llano. Y también están seguros de ganar la interna a Mario Abdo Benítez. El retorno de algunos diputados y dirigentes de base a Honor Colorado sustenta su optimismo.

ALIANZA INCÓMODA. En tanto Lugo y Llano continúan su campaña conjunta para sustentar la reelección con calor popular. El dirigente liberal quiere convencer a la convención liberal prevista para el 25 de la necesidad de cambiar de postura y dar nuevamente el apoyo a Lugo. Será su última jugada antes de dar el paso al quiebre, que parece ser irreversible.

Los dictámenes de varios estudios jurídicos para anular la sesión del 25 de agosto que rechazó la enmienda están en la mesa de los aliados. Saben que no es suficiente, pero esa es la herramienta jurídica que necesitan para argumentar su posición política.

El luguismo se está llevando la peor parte de la carga de esta alianza. Varios referentes intelectuales que lo apoyaban se están alejando acusándolo de ser parte de un plan de ruptura institucional. Basta con leer las redes para ver que quienes dieron la cara por el ex obispo en el 2012 denunciando justamente la ruptura constitucional con aquel juicio político, hoy rechazan su posición.

Esta alianza evita que juzguen con más severidad el bochorno de las planillas o la prisión del controversial Paraguayo Cubas, para muchos juristas, un abuso de poder de la Justicia, siempre tan severa con los débiles y sumisa con los poderosos.

Por eso, para el luguismo la mejor vía es la Corte Suprema, que falle a favor de la tesis Fariña. Así evita el escándalo de la votación por la enmienda.

En el cartismo afirman que la jugada de Lugo es la vía jurídica, pero que ya le alertaron que en este plan "estamos juntos, y esa es la enmienda". También teme el oficialismo que el ex obispo apoye la enmienda, pero luego quiera sacar del medio a Cartes evitando el permiso constitucional que requiere su renuncia.

El escenario político está alterado. En el ambiente hay tiroteos de varios frentes. Denuncias reales, denuncias de ficción, en tanto sigue el tira y afloja en medio de desconfianza y temores de traición entre los propios aliados.

Un panorama para incluir el emoticón que quiera.