2 de diciembre
Viernes
Poco nublado con tormentas
22°
33°
Sábado
Poco nublado con tormentas
20°
29°
Domingo
Mayormente despejado
20°
31°
Lunes
Mayormente despejado
24°
34°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
sábado 12 de noviembre de 2016, 02:00

El único que la tenía clara

Por Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia

Luego de los resultados electorales que dejaron a politólogos y encuestadores hablando pavadas, la opinión del cineasta Michael Moore fue releída con renovado interés. Es que Moore –quien dirigió películas como Farenheit 9/11 o Bowling for Columbine– predijo con absoluta seguridad la victoria de Trump mucho antes de las elecciones. Y no se trata de que prefiriera al candidato republicano, pues, aun criticándola, apoyó la campaña de Hillary Clinton.

Los argumentos de Moore eran simples y se basaban en unas pocas razones que resultaron ciertas. La primera de ellas tiene que ver con las matemáticas electorales del medio oeste norteamericano, donde se concentra el antiguo cinturón industrial que desde hace décadas sufre la reducción de salarios y empleos.

Allí hay estados en los que históricamente ganan los republicanos, pero, incluso en aquellos que suelen votar a los demócratas, se eligieron gobernadores republicanos en las últimas elecciones. El "malestar del hombre" blanco explica el éxito de Trump, quien prometió reactivar el empleo. Nadie sabe cómo lo hará, pero esa es otra cuestión. La propia Hillary era un problema, según Moore. Era impopular, poco confiable y no despertaba emociones. Los demócratas dicen hoy que Bernie Sanders hubiera vencido fácilmente a Trump, solo que perdió las internas contra el poderoso aparato de los Clinton.

Los excesos de Trump no impidieron que recogiera los votos del elector deprimido, harto de un sistema político elitista y enfermo y que manifestó su desencanto votando a un magnate algo esperpéntico que prometía repetidamente "drenar el pantano".

Los otros motivos del "voto oculto" siguen en el terreno hipotético y cuestionan profundamente la metodología de las encuestas. Van tres equivocaciones al hilo con repercusión universal: el Brexit británico, los pactos de paz de Colombia y la victoria de Trump.

Dado que Michael Moore fue uno de los pocos que acertaron, es prudente que prestemos atención a lo que escribió tras conocerse el resultado de la elección.

Lo primero que hay que hacer es, según él, tomar el Partido Demócrata y devolverlo al pueblo, al que ha fallado miserablemente. Lo siguiente es despedir a los eruditos y pronosticadores que se negaron a escuchar lo que estaba pasando. Lo mismo debe suceder con los miembros del Congreso que no estén listos para luchar contra la locura que está punto de comenzar. Basta de decir que se encuentran "atónitos".

Hay que reconocer que estaban en una burbuja que les impedía ver el desánimo de millones de norteamericanos ignorados por años por ambos partidos. Y, por último, no perder de vista que una mayoría popular de votos prefirió a Hillary y que si Trump ganó fue gracias a una anacrónica idea del siglo XVIII llamada Colegio Electoral. Lo dice Moore, por lo que hay que tomarlo en serio.