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Opinión
domingo 5 de febrero de 2017, 01:00

El Mudo y el Dictador

Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

El dulce líquido ámbar bajó por enésima vez por su garganta y lo sumió en un sueño profundo.

–Cartes... Cartes... ¡Cartes le digo, isschhh!

–General... Mi general –dice despabilándose sin abandonar la pesadez del sueño.

–Firme pué.

–Sí, general... Mi general.

–Cómo está todo por allá.

–Bien. Es complicado el tema. La democracia es más complicada que la dictadura. Ahora todo el mundo sabe que tiene sus derechos garantizados y les sobra tiempo para esquivar unas cuantas de sus obligaciones.

–Con un par de palos y unos cuantos tiros se educan los revoltosos. Y los que no, le tirás plata y ya está.

–Con la plata estoy intentando desde hace un tiempo y llegué bien lejos...

–Sí, me acuerdo que usted llegó a Tacumbú.

–No así, mi general –acota mientras una risa forzada asoma tímida en su cara ante el rostro impávido del general.

–¿Adónde llegó entonces?

–A la presidencia.

–Con un golpe.

–No, con plata.

–Qué vyro.

–...

–Qué... se quedó mudo. Conteste pué.. Qué se cree.

–Es... –tosiendo nervioso y arrastrando las palabras– es que... es que tengo problemas en mi presidencia.

–Meta plomo.

–No se puede, no está de moda.

–Qué flojo.

–Un grupo de correligionarios hizo una juntata de firmas y metieron muertos, vivos y presos. Y mi plan reeleccionario está en crisis.

–Ha de ser cosa de Laíno. Métale preso pues a ese barbudo filocomunista.

–No, se retiró. Pero le tengo a unos cuantos de sus hijitos.

–Pero cuidado. Los liberales son jodidos. El mejor amigo de un colorado siempre es un colorado.

–Claro que son amistades más costosas. Je, je, je.

–Desde cuándo es tan gracioso, usted –irrumpe irónico.

–Disculpe.

–Bueno, cállese y escuche. La primera reelección es más difícil. Las otras salen más fáciles si usted hace bien las cosas. Mantenga un partido comprado con corrupción, un Congreso genuflexo y una sociedad atemorizada.

–Y si no...

–Jódase entonces y disfrute de su dinero. Que igual con reelección o no se va a morir.

–Horacio... Horacio –dice una voz que lo despierta.

–¡Qué! ¡Que querés, Ortiz! –responde molesto.

–¿Te gustó la tapa del diario?

–No, es de cuarta. Dedicate a vender cigarrillos y no me molestes más con pelotudeces. Llamale a Filártiga, tengo unos consejos que aplicar.