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Opinión
domingo 4 de junio de 2017, 02:00

¿El final de 100 años de liderazgo?

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende
Por Alberto Acosta Garbarino

Al finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918, los destruidos países europeos que entonces eran grandes imperios coloniales tuvieron que ceder el liderazgo mundial a una joven y pujante Estados Unidos.

Desde entonces y con mayor fuerza desde finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los Estados Unidos se constituyeron en la superpotencia que lideró al mundo occidental durante el periodo de la guerra fría y lideró el proceso de globalización desde la caída del muro de Berlín en 1989.

Hoy Estados Unidos es en el mundo la principal potencia militar con bases en más de 42 países; es la principal potencia económica con casi el 25% del PIB mundial; y es la principal potencia educativa con 7 de las 10 mejores universidades del mundo.

Las empresas norteamericanas dominan ampliamente la economía global. En el ránking de las 100 empresas más grandes del mundo, 54 son norteamericanas, siendo las 11 primeras todas estadounidenses. Apple lidera el ránking, Alphabet –que es la dueña de Google– es la segunda y Microsoft la tercera.

Con semejante poderío, todos los presidentes de los Estados Unidos desde 1945 fueron no solamente líderes de su país, sino claramente los líderes mundiales.

Y ejercieron ese liderazgo, en lo militar, durante el periodo de la guerra fría, protegiendo a Europa Occidental de la amenaza de la Unión Soviética y a Japón, Corea del Sur y Taiwán de la amenaza china.

En el aspecto económico, ayudaron a reconstruir una Europa devastada después de la Segunda Guerra Mundial gracias al Plan Marshall y reconstruyeron Japón gracias a la ocupación liderada por el general MacArthur.

Este fuerte liderazgo también tuvo aspectos negativos como los atroces crímenes cometidos durante las diferentes guerras, las diversas intervenciones militares para derrocar a gobiernos de países soberanos y las no pocas macabras intervenciones de sus organismos de inteligencia, para asesinar a líderes opositores en el mundo.

Sin embargo, en un balance final, creo que el liderazgo norteamericano ha sido beneficioso para la humanidad. Porque nos trajo un periodo extraordinario de avances tecnológicos que hicieron posible la globalización que hoy vivimos y nos trajo un periodo también extraordinario de progreso económico que permitió a muchos países y a millones de personas pasar de la pobreza extrema a niveles de vida compatibles con la dignidad humana.

Hoy se vislumbran en el horizonte grandes amenazas para la humanidad, como el calentamiento global, las armas nucleares, el terrorismo y el narcotráfico y más que nunca será necesario un claro e indiscutible liderazgo mundial.

Liderazgo que ahora empieza a ser disputado por la agresiva presencia de China, que gobernada por una férrea dictadura comunista empieza a desafiar a Estados Unidos en el aspecto económico y en el militar. O por el renacer de Rusia que, liderada por un líder autoritario como Putin, desea volver a ocupar el espacio de la antigua Unión Soviética.

En medio de esta situación aparece... Trump. Una persona sin la más mínima preparación para ocupar la presidencia de la primera potencia mundial, que con un discurso beligerante hacia países tradicionalmente aliados y con una política aislacionista, está destruyendo todo lo construido por los Estados Unidos en los últimos 100 años.

Se retiró del TPP Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica dejando a China la cancha libre para dominar Asia; está resquebrajando la OTAN dejando a Europa casi indefensa ante la amenaza de Rusia y ahora se retiró del Acuerdo de París, que es la base para evitar el calentamiento global.

En tan solo 120 días Donald Trump está dinamitando el liderazgo norteamericano en el mundo. Está dinamitando todo lo construido, nada menos que durante 100 años.