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Opinión
martes 20 de diciembre de 2016, 02:00

El espejo que no queremos mirar

Por Fernando Boccia – fernando-boccia@uhora.com.py
Por Fernando Boccia

El reciente censo a las mujeres encarceladas en Paraguay arrojó datos reveladores sobre lo que significa ser una presa en este país.

Más de la mitad de las presas están recluidas por delitos vinculados al narcotráfico y a la tenencia de drogas ilegales. Desde hace poco menos de una década que el chespi viene arrasando las calles y llenando las prisiones. ¿Cuáles fueron los esfuerzos reales desde el Estado para evitar que cada vez más niños y adolescentes caigan en el crac? En el 2012 se lanzó el Plan Nacional de Lucha al Microtráfico, y así las incautaciones y operativos aumentaron. A la par, aumentaron los adictos. El Centro Nacional de Adicciones se ve rebasado por la cantidad de jóvenes para tratar, que crece ante la vista impávida de todos.

Otro aspecto que ya no asombra es el de la prisión preventiva. Tres de cada cuatro mujeres presas no tienen condena. Cifras similares se dan con los hombres recluidos. Quizás estas sean las cifras que mejor representan la política criminal que desde hace muchos años y gobiernos está en marcha: La encarcelación masiva como mejor respuesta a la inseguridad.

El documento del censo señala un dato que muestra hasta qué punto la prisión preventiva se salió de las manos del Poder Judicial. Paraguay ocupa el décimo lugar a nivel mundial en la proporción de presos sin condena y el segundo lugar en ese mismo indicador en Sudamérica. De nuevo las cifras nos enfrentan a la misma paradoja: más presos no se tradujo en menos delitos, así como más microtraficantes encarcelados tampoco significó menos adictos.

Para entender qué implica el hacinamiento en una cárcel, cabe recordar que hace unos meses el Mecanismo reveló cómo internas de distintas penitenciarías debieron recurrir a la prostitución para acceder a dinero, elementos de higiene personal, medicamentos y necesidades básicas. Este año, una presa incluso relató a ÚH cómo vendió su cuerpo para sobrevivir en un penal. La violencia sexual a las reclusas también es una realidad denunciada por el censo.

Cuando hablamos de cárceles, estamos acostumbrados a hablar de hacinamiento, tortura, malos tratos y un sinfín de irregularidades: El sistema penitenciario ya nos sacó hasta la capacidad de asombro.

No obstante, la información de este estudio publicado por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura debe ser tenida en cuenta para entendernos como ciudadanos y como país. Quizás refleje nuestra peor faceta, pero la cárcel no deja de ser un espejo de la sociedad.