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Opinión
lunes 2 de enero de 2017, 01:00

El año de Roa Bastos

Sergio Cáceres Mercado - sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres

Que grandes festividades seguramente preparan los mexicanos este año para el centenario de Juan Rulfo.

Esperemos que en esta tierra natal de Augusto Roa Bastos no nos quedemos atrás y honremos apropiadamente la memoria del escritor más universal que hemos visto nacer hasta ahora.

Estas ocasiones especiales sirven para organizar eventos como mesas redondas, conferencias y otros homenajes que nunca están demás a pesar de lo mucho que ya se ha dicho sobre la obra y vida del escritor.

No tengo la menor duda de que estos acontecimientos se darán por doquier en el país. Las ferias de libros ofrecerán charlas de amigos, escritores y académicos, así como las universidades, colegios y entidades culturales.

Sin embargo, hay algo que le debemos a Roa Bastos, al igual que a Gabriel Casaccia, a Josefina Plá, a Elvio Romero, a Juan Bautista Rivarola, a José-Luis Appleyard, a Julio Correa, a José María Rivarola (quien también está de centenario) y varios otros escritores: una edición erudita.

En este sentido solo dos casos han sido excepción en nuestra literatura: Mancuello y la perdiz, de Carlos Villagra Marsal y, justamente, Yo El Supremo de Augusto Roa Bastos, ambos casos gracias a ese fabuloso emprendimiento de la editorial Cátedra para su colección Letras Hispánicas. Los comentaristas fueron los españoles José Vicente Peiró y Milagros Ezquerro, respectivamente. Estas dos grandes obras ocupan un lugar en dicha colección junto a otros grandes autores hispanoamericanos como Ernesto Sabato, Camilo José Cela, Benito Pérez Galdós, Juan Rulfo, Adolfo Bioy Casares, Miguel Ángel Asturias y Federico García Lorca, entre varios más.

El caso de Yo El Supremo conoce otra edición comentada, esta vez por el venezolano Carlos Pacheco para la Biblioteca Ayacucho, un gran acervo de las letras latinoamericanas.

Quizá este año nos dé a la luz otra obra de Roa Bastos que no sea simplemente una reimpresión, sino que tenga un valor agregado que vaya más del lujo de la impresión. Que bueno sería tener a Hijo de Hombre, o cualquier otro título roabastiano, con un profuso estudio introductorio, notas al pie de página y cronología. Académicos capaces y con ganas de hacerlo existen en Paraguay.

Ediciones de este talante no son meros caprichos intelectuales. Son aportes al mayor conocimiento de la obra, del pensamiento del autor y de la cultura que les dio origen. Si por la importancia del centenario de Roa Bastos empezáramos con alguna de sus obras, ¿por qué no podríamos esperar similares de otros autores nacionales?