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Opinión
viernes 10 de febrero de 2017, 02:00

Días intermedios

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Estamos entrando en esa fase de las vacaciones de los chicos en la que ya vale la pena ir revisando uniformes, útiles reciclables en casa y otros detalles para la vuelta a clases.

Durante el tiempo de ocio algunos habrán nadado, paseado, leído, compartido con amigos, pero muchos, lastimosamente, muchos habrán también dormido, gastado dinero y comido más de la cuenta, sin apoyo educativo real.

El uso del tiempo libre es materia seria, pero pendiente.

Lo ideal sería que los adultos les diéramos al juego y a los pasatiempos de nuestros hijos el plus de nuestra conciencia y experiencia.

No se trata de ponernos densos, sino serios, que es una cualidad que se puede llevar muy bien con la sonrisa y la alegría.

Por un lado está la desidia y por otro, el otro, la sobreestimulación y la sobreexigencia que surge a veces de nuestra propia ansiedad de padres que deseamos cosechar éxitos en la vida de nuestros hijos haciéndoles hacer de todo en horarios planificadísimos, pero quizás nos equivocamos al presionar más de la cuenta, sin darles espacio para reconocer sus propios gustos, intereses y manifestar más libremente su personalidad, según su sexo, edad y circunstancias sociales.

También la vuelta al cole es un desafío educativo. Requiere paciencia, entrenamiento y grandes dosis de sentido común para enfrentar, por ejemplo, las presiones publicitarias y comprar solo lo justo y necesario, descartar lo trivial o caro, y divertirse en el intento.

Eso sí, que a nadie se le ocurra enfermar. Los hospitales públicos tienen su propio ritmo vacacionero. Y el que no se adapta es fríamente descartado del sistema.

Lo que nunca está de más, y es muy beneficioso, es la educación de la solidaridad.

Ponerse a disposición de los compañeros, vecinos o conocidos que por ahí necesitan una ayuda extra en este tiempo, es un ejercicio de humanidad.

Quien más quien menos tiene algo que compartir. Nuestros hijos tienen que aprender a hacerlo en cosas concretas. Y esto implica salir de enfrente de la tele un rato y saber mirar alrededor, también requiere ceder espacios y tiempos al resto de la familia. Y nosotros tenemos la enorme responsabilidad de poner al día nuestra rica herencia cultural en materia solidaria. Tenemos abuelos a quienes imitar y también tenemos nuestra propia experiencia.

Empezamos hoy a educar, en este tiempo intermedio, o de balde nos quejamos luego de la indiferencia y de la apatía que reinan en la sociedad. Ojo, estos son los primeros ladrillos del muro de la violencia.