Lo que es un logro de la dirigencia futbolística, acusa implícitamente a los firmantes del contrato anterior.
La incógnita que nos surge a quienes queremos conocer quién es quién en esta danza de verdades y mentiras es: Por qué los dirigentes actuales no denuncian este fraude evidente y le dan un tinte de un ajuste normal de valores. Quienes actúan así son cómplices, o tienen las mismas intenciones que los señalados.
Corresponde, además, que dejen en claro que la empresa patrocinadora fue cómplice con quienes hoy enfrentan la Justicia americana y echan un manto de dudas sobre la nueva dirigencia de la Conmebol.
De este proceder encubridor saltan dos alternativas:
¿Son amigos y socios de los dirigentes anteriores?
¿Pretenden seguir la misma senda que estos?
Los derechos televisivos por los que pagan los auspiciantes de los torneos locales corresponden a la APF, que distribuye a sus socios, los clubes.
Si de selecciones nacionales se trata, correspondería que la Secretaría Nacional de Deportes (SND) se involucre y transparente estas adjudicaciones, puesto que la casaca albirroja, que es lo que da valor a las presentaciones internacionales, es patrimonio de todos los paraguayos.
Mientras tanto, y paradójicamente en otro carril, los mejores intereses de los protagonistas principales –los jugadores de fútbol– siguen reclamando a la matriz del fútbol los beneficios laborales, médicos y familiares con la inscripción en IPS, y contratos laborales como cualquier profesional y que hoy no es regla en el fútbol local.
La Ley del Futbolista sancionada en años recientes está plagada de carencias que desprotegen a sus atletas y acorde a la asociación de futbolistas profesionales de Sudamérica, es una de las peores del continente.
Es un imperativo ético, un reglamento que categorice a los ex jugadores de la Selección Nacional, que proteja con gratitud y con fondos de pensión para los que con el cariño de la gente honraron por mucho tiempo a la Selección Nacional.
¡Cuánta ingratitud con jugadores que dieron lustre y alegría a nuestro país!