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Deportes
sábado 11 de febrero de 2017, 01:00

Deporte y ética

El deporte mismo, por los valores que representa, debería en sus estratos dirigenciales estar impregnado del mismo espíritu de estos valores. Y sin embargo, con asombro y dudas sobre la nueva transparencia en el fútbol paraguayo, recibimos la noticia de que la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) renegoció los derechos televisivos locales.

Lo que es un logro de la dirigencia futbolística, acusa implícitamente a los firmantes del contrato anterior.

La incógnita que nos surge a quienes queremos conocer quién es quién en esta danza de verdades y mentiras es: Por qué los dirigentes actuales no denuncian este fraude evidente y le dan un tinte de un ajuste normal de valores. Quienes actúan así son cómplices, o tienen las mismas intenciones que los señalados.

Corresponde, además, que dejen en claro que la empresa patrocinadora fue cómplice con quienes hoy enfrentan la Justicia americana y echan un manto de dudas sobre la nueva dirigencia de la Conmebol.

De este proceder encubridor saltan dos alternativas:

¿Son amigos y socios de los dirigentes anteriores?

¿Pretenden seguir la misma senda que estos?

Los derechos televisivos por los que pagan los auspiciantes de los torneos locales corresponden a la APF, que distribuye a sus socios, los clubes.

Si de selecciones nacionales se trata, correspondería que la Secretaría Nacional de Deportes (SND) se involucre y transparente estas adjudicaciones, puesto que la casaca albirroja, que es lo que da valor a las presentaciones internacionales, es patrimonio de todos los paraguayos.

Mientras tanto, y paradójicamente en otro carril, los mejores intereses de los protagonistas principales –los jugadores de fútbol– siguen reclamando a la matriz del fútbol los beneficios laborales, médicos y familiares con la inscripción en IPS, y contratos laborales como cualquier profesional y que hoy no es regla en el fútbol local.

La Ley del Futbolista sancionada en años recientes está plagada de carencias que desprotegen a sus atletas y acorde a la asociación de futbolistas profesionales de Sudamérica, es una de las peores del continente.

Es un imperativo ético, un reglamento que categorice a los ex jugadores de la Selección Nacional, que proteja con gratitud y con fondos de pensión para los que con el cariño de la gente honraron por mucho tiempo a la Selección Nacional.

¡Cuánta ingratitud con jugadores que dieron lustre y alegría a nuestro país!