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Opinión
martes 8 de agosto de 2017, 02:00

Delirios místicos

Lupe Galiano
Por Lupe Galiano
Con el perdón de los locos y de los místicos, últimamente se instaló en Paraguay una onda santurrona que no condice mucho con el ambiente negro que se vive. Los grupos de WhatsApp se saturan de bendiciones, oraciones y alabanzas con caritas felices y vírgenes inmaculadas, pero las calles y las redes sociales se llenan de gritos, improperios y malas ondas varias, que van desde suaves epítetos, como cavernícola, aragán sin hache, hasta feminazi, puto y otras ofensas.
Por lo visto, el poder divino es tan fuerte que sube de abajo para arriba y baja de arriba para abajo, ya que pueblo, gobernantes y amigos están imbuidos de este espíritu celestial.
La gente en general está feliz de tener fe y hachear al prójimo como no se lo haría a sí misma, mientras que quienes mandan pregonan la buena nueva del país más feliz del mundo que encanta a los inversionistas extranjeros, donde los excluidos se excluyen porque no quieren entrar a la modernidad, no quieren salir de la pobreza, la pereza, etcétera, etcétera.
En esta nación próspera, el mesías algo bobalicón anduvo regurgitando un "Dios, patria y familia" que tenía un regusto rancio.
Finalmente, gracias a las críticas de los demócratas, que si no tienen memoria al menos tienen cultura, decidió enfocarse en aquel viejo testamento: "lo mucho que han hecho y lo mucho que queda por hacer". Y en su Apocalipsis remata que lo hará incansablemente, casi como un dios que no tiene familia que le demande nada.
El otro candidato, el número 2, pidió consejo a sus guías espirituales para decidirse a cambiar de bando.
El padrino de ambos –que no es lo mismo que El Padrino– recurre Al de Arriba para santificar a su ahijado churrito: "Los tiempos de Dios son perfectos. Vos estás en representación de Dios porque fue Él mismo que te eligió". Luis XV, un poroto. Madame Guillotine, fuera del área de servicio, lastimosamente.
Con tanto Dios, Dios, Dios, amóntema la igualdad, la libertad y la fraternidad; amóntema la República; amóntema el Estado laico y amóntema la Constitución y las leyes, si para todo está Dios que elige, Dios que envía y Dios que nunca demanda nada.
Y para darle a todo un sabor más bíblico, Moisés, Ramsés y Nefertari anduvieron firmando autógrafos de aquí para allá y el Pueblo Desechado –que no es Elegido vaya una a saber por qué– estuvo varado en Asunción: unos marchando por un sueño y otros soñando que las marchas se terminen.
Mientras tanto a la ciudadanía de a pie –que no cree en el demoño colorado ni en los santitos azules– solo le queda, como siempre, rezar para que ocurra el milagro de llegar a fin de mes.
En el nombre de Baco, oremos para que así sea. Amén.