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Opinión
viernes 20 de mayo de 2016, 01:00

De Roma, un patrocinio

Por Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

¿De paseo? No, ir a Roma es siempre una peregrinación. Tanto para el creyente como para el que no lo es... Uno de los momentos más impactantes para mí en el Seminario sobre Comunicación en la Era Digital, del que me cupo participar en esa ciudad hace unas semanas, fue el encuentro con líderes cristianos de Irak, Liberia y Estonia.

No es fácil hacer puentes comunicativos o buscar concordia donde reinan la prepotencia, las amenazas, el odio y, sin embargo, es lo único que abre las puertas a un futuro. En ese sentido el rol de los comunicadores es clave. Tampoco es fácil para Europa hoy abrir las puertas de su acomodado hogar a cientos de miles de inmigrantes que llegan de todas partes del mundo, buscando recomenzar la vida o por lo menos morir en el intento y no en la guerra, a merced de despiadados mercenarios de la muerte.

Aunque toda ayuda es insuficiente y lo que desean los refugiados son garantías para regresar a sus naciones y vivir en paz en su propia tierra, es destacable el trabajo de organizaciones como la Comunidad de San Egidio, que desde Italia ha ayudado a abrir los "corredores humanitarios" para salvar vidas de refugiados que viajan así en condiciones más seguras a Europa y no como hasta ahora lo han hecho, cruzando el Mediterráneo en travesías peligrosísimas y a merced de traficantes de personas, del hambre y de la muerte.

"¿Qué es lo que les mueve a meterse en este lío?", le preguntábamos a unos voluntarios romanos de dicha comunidad, a quienes encontramos casualmente en una iglesia rezando junto con chicos de color. Una de las voluntarias era maestra y nos comentaba que tanto la realidad misma de encontrar muertos en las playas de su próspero país, de familias pobres venidas de lejos y que alcanzaban tierra, pero no así cumplir el sueño de la supervivencia, así como la invitación del papa Francisco a ayudar fueron los detonantes. "Somos gente de oración y la acción la vivimos en clave de fraternidad", nos explicaba.

Por ahora la meta es salvar a 1.000 refugiados gracias a un convenio con varias organizaciones. A estas personas se les espera con posibilidades reales de inserción laboral y social, gracias a la acogida de la comunidad.

Una vez más es la gente extraordinariamente común la que entra en conciencia antes que el Estado y empuja a recuperar en la legislación la figura del patrocinio, donde unos garantes se ofrecen para respaldar a los extranjeros alojamiento y sustento, hasta efectivizar su reagrupación familiar.

Es verdad, en Roma hay "mucha cosa antigua y bella", retazos de historia y de civilización en cada recoveco, pero también existe una historia viva en los cientos de miles de rostros de pobres, de inmigrantes, de una sociedad preocupada por el futuro bajo las amenazas del conflicto. En ese sentido, estamos unidos a ellos en una misma raíz llamada humanidad y compartimos el sueño del papa Francisco de vivir un nuevo proceso de humanización, patrocinio y acogida, "para el que hacen falta memoria, valor y una sana utopía".