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Opinión
lunes 9 de mayo de 2016, 01:00

De flores conciliatorias y la fuente simbólica

Por Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Una renuncia en medio de un centenar de colegios tomados quizá no modifique un país, pero la misma no deja de tener una significativa carga política que altera los tantos del Gobierno. Se trata del primer elemento del Gabinete de Horacio Cartes tumbado por manifestaciones populares. De hecho, ignoro hace cuánto los movimientos sociales no provocaban con su presión la salida de un representante del Poder Ejecutivo, sea cual fuere el área de su labor.

La hoy ex ministra de Educación, Marta Lafuente, acostumbraba a invitar al diálogo a estudiantes secundarios después de desconocerlos sistemáticamente, mientras proyectaba pagar precios inflados por cocido y agua. Alguna vez se la vio ofreciendo flores conciliatorias a alumnos y alumnas que le reclamaban algo menos "cool": nuevas políticas públicas de educación. Antes, no quiso recibir en el MEC a representantes estudiantiles, y estos se atrincheraron en el edificio de la cartera estatal. Lafuente respondió con la policía; el persecutor serial de alumnos secundarios y universitarios, el fiscal Emilio Fuster, imputó a estudiantes —y al ciudadano chileno Patricio Flores, solidarizado con la causa estudiantil, convertido desde entonces en anatema preferido de la xenofobia fascista nacional—, así como amenazó imputar a los adolescentes del Colegio República Argentina, y procesó a estudiantes universitarios durante el #UNAnotecalles del año pasado.

"Tienen ideas rebeldes, y así debe ser, ellos son los sujetos de la educación y debemos cambiar con ellos. El espíritu de la rebeldía es el que consigue los cambios", dijo, profesoral, la ministra en setiembre pasado. Pero cuando siete meses después los estudiantes le mostraron otra dimensión de esa rebeldía, los trató de manipulados y se aferró al cargo con indignidad manifiesta, sentada en un trono de soberbia. Y así le fue: la fuente de su salida fue la propia Lafuente.

Por otro lado, el tipo de liderazgo y la visión estratégica de los estudiantes pueden ser objeto de críticas, en el sentido de su profundidad transformadora. Hace falta visión histórica, formación y perspectiva políticas en nuestros estudiantes. Pero una cosa es cierta: los campesinos no tumbaron al ministro de Agricultura, a pesar de haberlos empujado a las deudas mediante el engaño; los obreros no hicieron lo propio con el "intrépido" ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, visiblemente patronista y antiobrero en cuanto conflicto exista; los trabajadores de blanco no empujaron a la renuncia del ministro de Salud Pública, aun cuando es una de las áreas más golpeadas del Estado, con conquistas quebrantadas como la de la gratuidad de la atención. ¿Existe alguien más inepto que el ministro del Interior y, con especulable apoyo de cierta embajada de la avenida Mariscal López, todavía sigue en el cargo?

Es verdad que la correlación de fuerzas entre el Estado, los campesinos, obreros y organizaciones sociales es otra. Pero no por ello se debe dejar de reconocer el fuerte golpe simbólico asestado a Cartes por parte de unos adolescentes.