23 may. 2026

Crecimiento

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los números del país muestran que la macroeconomía funciona de lo mejor mientras la cantidad de pobres aumenta. “El país crece...” mientras el presidente del Banco Central juega a la política partidaria que le es prohibida de manera abierta y desembozada demostrando igual que Peña que su paso por las academias norteamericanas no le sirvió para aprender valores o que se los olvidó apenas tuvo una pizca de poder. Pasa lo mismo con una exultante ministra de Hacienda –con los mismos pasos que su amigo del BCP–, quien se lamenta por la decisión del Congreso en el Presupuesto afirmando que no tiene en caja un cobre partido por la mitad, pero en la semana de las elecciones pagó 11 millones de dólares en bonificaciones a los funcionarios para ganarse los votos a favor de Peña. Pésima inversión para ella y para todos. Pero por sobre todo nos demostró la incapacidad de decir NO a aquello que no es correcto ni apropiado. A ambos los recordarán por eso como todavía algunos lo hacen con el ex ministro de Hacienda Manuel Ferreira y el ex presidente Federico Franco cuando desembolsaron 12 millones de dólares a los oviedistas para ganarse sus votos de apoyo a Alegre en el 2013. Hace unos días, el ínclito Fernández Lippmann muy suelto de cuerpo afirmó que él quería “crecer también” (en la corrupción claro está) porque sus mentores ya habían llegado al cenit. Crecimiento sí... pero de sinvergüencería.

Necesitamos desarrollo en todos los campos. Entendiendo el concepto en el sentido de Lebret de “ser más” y no de “tener más”. Integridad, coraje, ética y valor humano que se sobrepongan a lo avieso, torcido y corrupto. Algunos dirán que muchos han crecido económicamente así y que no se puede inventar un país diferente de la noche a la mañana. Son los mismos que afirman que todo este tsunami de audios terminará en el oparei y que no nos ilusionemos con los cambios. Estos también con sus actitudes son parte del crecimiento (tener más) y no del desarrollo (ser más). Son los que con su silencio cómplice no creen que algo puede cambiar en este país. Hacen parte del statu quo que nos ha traído como consecuencia un Estado fallido, millones de pobres, una sensación de impunidad y por sobre todo: una frustración democrática inmensa. No alcanza con crecer, debemos desarrollarnos en el sentido más amplio como personas y como país. Ese es nuestro capital intangible que genera respeto, consideración y autoestima. Es nuestro combustible como sociedad que produce confianza y promueve riqueza colectiva.

Todo lo demás es tan conocido, como la queja de los productores de soja, los transportistas, el fracaso de los ingenios azucareros y la recurrente marcha campesina. Los sojeros como los transportistas siempre “pierden”, pero cuando se sugiere que los compradores de sus productos retengan el 100% del IVA para dárselos al Estado pegan el grito al cielo contra sus clientes a los que califican con los peores epítetos. Siguen creciendo, pero no generan desarrollo o lo peor como los transportistas les pagamos un 30% de sus nuevas unidades para darnos un pésimo servicio y no repartir utilidades con nosotros, sus teóricos socios.

Hay que lograr el desarrollo y eso comienza con actitudes éticas, prácticas honestas, relaciones que promuevan confianza y sinceridad de propósitos. Es una vergüenza que sigamos creciendo, pero seamos una nación subdesarrollada. Se puede, solo que habrá que terminar con la mentira, la evasión y el uso descarado del poder sin límites legales. Ese será el momento de alcanzar el desarrollo y no el mero crecimiento de utilería.