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miércoles 19 de octubre de 2016, 02:00

“Con el cáncer aprendí que la vida es corta y hay que luchar por ella”

Luego de ocho meses de tratamiento y largas sesiones de quimioterapia, Alba Antonelli cuenta su experiencia con el cáncer de mama, enfermedad que afecta a unas 1.600 mujeres por año en el país.

Por Carlos Elbo Morales

carlos-morales@uhora.com.py

Aquel martes 13 de enero de 2015 no fue sombrío porque la tradición lo pinta así. Para Alba Antonelli (39) hubo otro motivo más real: El resultado del análisis hecho el día anterior le informaba que padecía cáncer de mama. "Me senté a llorar ahí porque sentía que el mundo se me caía. Lo primero que pensé fue en la muerte", rememora Alba, madre de Davita y Jimenta, de cinco y tres años, respectivamente.

Alba recuerda que ya había tenido un alerta similar un año antes, pero con resultado fallido en aquella prueba. Luego de realizarse un primer examen en diciembre, fue a realizarse el otro que le confirmó su enfermedad.

"En diciembre era como una voz en mi cabeza que me decía que fuera al médico", relata.

La prueba. "Ese día le llamé a mi marido (Darío Ortega), quien para tranquilizarse dijo que los resultados podían estar mal. Solo esa noche me largué a llorar. Luego no lo hice más. Le recé a Dios y le pedí que me ilumine para no dejarme vencer. Hoy, de vez en cuando se me caen algunas lágrimas, pero de emoción".

A partir de ese momento, Alba empezó el tratamiento y se encomendó al Divino Niño Jesús, confiada en curarse. Durante seis meses se sometió a ocho sesiones de quimioterapia, con intervalos de 21 días entre una y otra. Recuerda que la quimio no le generaba reacciones adversas, pero sí los medicamentos que consumía.

"Fueron momentos difíciles. Cuando acabé la última sesión canté Aleluya por ahí. Sabía que tenía que aguantar el tratamiento. A mis hijas tenía que explicarles lo que me estaba pasando", prosigue Alba, a quien le extirparon un pecho por la enfermedad.

Los ángeles. La fortaleza que tuvo en esos momentos tiene como pilares fundamentales su propio carácter, además del acompañamiento de su familia y amigos. "No me puedo quejar; quien pudo estuvo acompañándome. Aparecieron personas que fueron como ángeles y que me donaron medicamentos", relata Antonelli, cuyo tratamiento fue realizado en un instituto privado.

Alba deja en claro su fe en el Ser Supremo y la convicción que tuvo para reponerse por sus hijas, a quienes quiere ver crecer. "A él le pido 20 o 30 años más por mis hijas", dice y revela que se sintió sorprendida por la fortaleza que demostró. "Con el cáncer aprendí que la vida es corta y hay que luchar por ella".

A las mujeres que viven esta situación, las anima a no decaer y seguir luchando. A las demás, a realizarse los controles. "Está en sus manos prevenir esto", dice convencida.