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Mundo
viernes 31 de marzo de 2017, 14:12

Cómo hacer que los Otros dejen de ser el enemigo

París, 31 mar (EFE).- Aunque el hombre no discrimina por naturaleza, todos podemos ser racistas si se activan los engranajes adecuados, por eso desvelar los mecanismos ocultos que operan tras el racismo es el primer paso para combatirlo.

En "Nosotros y los Otros", exposición que se abre hoy en el Museo del Hombre de París, historia y tecnología permiten al espectador vivir en primera persona la frágil línea entre "clasificar" y "segregar", lo que para su comisaria científica, Evelin Heyner, representa las raíces de este "mal social".

El primer paso es "entender cómo se crean las identidades", asegura, para lo que el visitante comienza su experiencia sumergiéndose en una proyección de 360 grados que recrea un vagón del metro en el que otros viajeros son ordenados según su color de piel, su religión o su vestimenta.

Es solo uno de los espacios, junto a un aeropuerto o el salón de una casa, en los que el Museo del Hombre se transforma hasta el próximo 8 de enero de 2018 para hacernos protagonistas de un proceso que Heyner califica como "un descubrimiento de nuestros propios prejuicios".

Una revelación personal que se intercala con salas en las que acontecimientos históricos muestran cómo actores sociales se han servido de la tendencia natural del hombre a clasificar su entorno para generar el odio hacia los Otros.

La propaganda del partido nazi, carteles de teatros en Estados Unidos que rezan "negros no permitidos" o el aparato de radio desde el que la emisora de las Mille Collines difundía los mensajes contra los tutsis durante el conflicto en Ruanda son algunos de los elementos que advierten al espectador de este proceso.

El racismo "se construye", asegura la comisaria histórica de la muestra, Carole Reynaud-Paligot, que opina que mostrar las artimañas que el poder tiene para desencadenar esta construcción puede evitar a la humanidad "repetir los mismos errores en el futuro".

Pero la exposición no se queda en el pasado, sino que busca abrir un debate público sobre cómo la sociedad puede superar el racismo en la actualidad, en una Francia en la que, según cifras del Ministerio del Interior, 1.125 actos racistas fueron registrados el pasado año.

Para ello, la última sala de la exposición, transformada en terraza de un café parisino, permite que visitantes y organizadores se sienten para articular ideas sobre como debería ser una "vida en común", que luego se dejan escritas en una pizarra.

Una evento que llega "en un buen momento", dice Heyner, en referencia a las próximas elecciones francesas, en las que, según todos los sondeos, la ultraderechista Marine Le Pen pasará a la segunda vuelta.

En todo caso, añade, no se trata de una exposición "militante", sino de una oportunidad para acercar una "verdad científica" a un tema socialmente sensible, en un contexto de crisis en el que "el racismo se acentúa".

Un proyecto de concienciación en el que han trabajado durante dos años más de 60 investigadores de disciplinas tan variadas como la historia, la genética o la psicología.

Por Javier Terrero