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Política
domingo 16 de octubre de 2016, 01:00

Cartes y sus frentes de conflicto

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

Ya no hay marcha atrás. El plan de reelección cada día se consolida más. Hay remeras alusivas, discursos a la medida. Visitas a Mburuvicha Róga con las carpetitas rojas repletas de pedidos de cargos y/o negocios bajo el brazo.

Cuando un proyecto se lanza, no hay nada más previsible en el comportamiento de los colorados, tan apegados a los rituales. La reelección retumba en cada departamento, en cada ciudad. Los convencionales, los dirigentes más débiles en la cadena del poder partidario, son la estrella fugaz del momento. Se reúnen, repiten sus guiones discursivos, sostienen que la reelección es el inicio y el fin del partido.

PLAN FIJO. La convención del 29 viene con una sola idea clara: la reelección, pero con posiciones confusas con respecto al castigo para los legisladores que se opongan al plan que necesariamente debe pasar por el Congreso, a no ser que el cartismo tenga otro atajo. Las amenazas a los disidentes va perdiendo fuerza. Las bases no están de acuerdo con esas medidas. Conocedores del sentimiento popular, saben que aplicar severos castigos a los correligionarios no es la vía más recomendable.

Aún supura en la ANR la herida del 2008 cuando por rencores políticos miles de colorados votaron por Fernando Lugo, provocando la histórica caída del partido.

EL RING. El Senado es, sin duda, la gran traba para los fines cartistas y hasta hoy mantiene incólume una sólida muralla, tras la cual los disidentes colorados –capitaneados por Mario Abdo Benítez y Galaverna, con el apoyo sostenido de la oposición– sostienen una guerra cuerpo a cuerpo con el Ejecutivo. Este año el Senado ha dado golpes espectaculares que impactaron en el presidente. Primero fue la presidencia del Congreso y luego, el rechazo a la reelección.

Con esta resolución se suponía que ya no se hablaría de la reelección por un año, como señala la Constitución, pero la derrota no es una palabra que exista en el diccionario de Horacio Cartes y hoy se habla del tema como si no hubiese existido esa votación. Incluso ya existen dictámenes de constitucionalistas para bordear los límites siempre tan difusos y al arbitrio de las mayorías circunstanciales.

PROBLEMAS EXTRAMUROS. La tensión no se agota en el partido ni en el escenario político.

El Senado acogota al Ejecutivo en sus planes económicos. El último golpe fue rechazar un préstamo del BID de USD 200 millones que iban a ser destinados al pago de las constructoras viales. El ministro de Hacienda, Santiago Peña, se descargó señalando que "esta decisión política no tiene ningún sustento técnico". En este punto, el Ejecutivo pecó de ingenuo, soberbio o torpe, o todo junto. El Senado le reclamó datos que no envió a tiempo. A sabiendas de su debilidad en esa Cámara, no tiene otra que evitar el más mínimo error.

El Senado luego dio otro golpe aplazando el estudio del proyecto más político de Cartes para el trabajador del sector privado: el reajuste salarial anual automático, una decisión unilateral que desató la furia del empresariado industrial que rechaza el proyecto por populista.

MOLINOS DE VIENTO. Cartes abrió varios frentes de conflicto. Si bien superó medianamente la tensión con las constructoras tras habilitar las licitaciones a empresas extranjeras, la mora en el pago le generará un serio problema. Ya arrastra una deuda de USD 170 millones. Por ello, presionó sin éxito por la aprobación del préstamo del BID.

El ministro Gustavo Leite mantiene otra guerra con los empresarios del sector combustible. "Es bastante complicado trabajar con este Gobierno, porque por populismo baja y baja el precio de los combustibles", denunció Pedro Ballota, quien alertó que el país está transitando por el mismo camino que Venezuela. A todo esto, el titular de Industria responde: "Si ellos pretenden tener un ministro como en los gobiernos anteriores que no hacían cumplir la ley, ese no soy yo".

La larga e inacabada negociación con los campesinos que insisten con la condonación de sus deudas, que el Gobierno rechazó, pero planteó una fórmula muy flexible de rehabilitación financiera con participación del BNF y el CAH, con olor a condonación, provocó tensión con el sector privado. Aquí tiene focos de conflicto con los campesinos y los banqueros.

La Iglesia Católica, con la que mantuvo una alianza estratégica con la venida del papa Francisco, se está alejando y empieza a cuestionar más duramente las políticas del Gobierno.

El aumento considerable de la deuda externa desata alertas y duras críticas de analistas económicos. En el campo político ya lanzan dudas sobre el destino de los millonarios fondos y ya es tema de campaña: "Cartes endeuda hasta a nuestros tataranietos".

EN MEDIO DE LA TORMENTA. Inmune a las críticas y a las consecuencias políticas y económicas, Cartes continúa su proyecto de reelección. Es como ese capitán de barco que desoye las alertas meteorológicas y va al centro de la tormenta perfecta.

Hasta el momento se salió con la suya.

¿Podrá esta vez llevar todo por delante?