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jueves 2 de febrero de 2017, 16:45

Autoritarismo como herencia, a 28 años de la caída de la dictadura

Las prácticas autoritarias en el ámbito político y judicial son la principal herencia de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), de cuyo final por medio de un golpe de Estado militar se cumplen este viernes 28 años, según el analista político y escritor Alfredo Boccia Paz.
EFE

A su juicio, ese autoritarismo se mantuvo en esos ámbitos tras la caída del dictador debido a una falta de depuración en la principal formación política que apoyó a Stroessner, el Partido Colorado.

La formación, al que pertenece el actual mandatario, Horacio Cartes, ganó las sucesivas elecciones democráticas y continuó gobernando el país, a excepción del período 2008-2012, que finalizó con un juicio político al presidente Fernando Lugo y la asunción durante un año de un liberal, Federico Franco.

Esas victorias electorales de los colorados se explican, según Boccia, porque "más que un partido político, es una especie de religión civil" cuya simbología y colores asume mucha gente, y es "muy plástico, porque se adapta tanto a una dictadura como a la democracia".

Boccia añadió que la falta de depuración en esa estructura "retrasó la transición a la democracia" en Paraguay e impidió la apertura de una comisión de investigación de los crímenes relacionados con la dictadura, que no comenzó su labor hasta 16 años después del fin del régimen autoritario.

La caída de Stroessner se produjo en la madrugada del 2 al 3 de febrero de 1989, cuando su consuegro, el general Andrés Rodríguez, se levantó en armas contra el dictador.

"Stroessner tuvo un poder omnímodo hasta bien entrada la década de 1980, y se apoyaba en tres pilares: el Partido Colorado, las Fuerzas Armadas y el Gobierno. Él estaba en la cúspide de los tres y cayó de la única manera en que podía haber caído: cuando un grupo de sus partidarios se rebeló contra él", explicó el escritor.

El golpe comandado por Rodríguez, luego electo presidente de la República, tuvo éxito, según Boccia, debido a que en 1989 el dictador se encontraba desgastado por la edad y también por las protestas ciudadanas causadas por la recesión económica.

Boccia sumó a esos factores la corrupción generalizada en las estructuras de la dictadura y el distanciamiento con Stroessner de las facciones militares y políticas, que finalmente protagonizaron la asonada.

Sin embargo, Boccia citó al menos cuatro intentos anteriores de derrocar a Stroessner, todos fallidos.

Los dos primeros, entre 1959 y 1960, fueron las incursiones guerrilleras del movimiento 14 de Mayo, que aglutinaba entre otros a opositores del Partido Liberal, el Partido Febrerista y el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), integrado en su mayoría por comunistas.

Boccia explicó que la represión a estos grupos fue "brutal" y sus integrantes acabaron en su mayoría detenidos, torturados, ejecutados y desaparecidos.

Además, la geografía paraguaya, que carece de montañas y selvas impenetrables, dejó poco espacio para la guerra de guerrillas, mientras que la Policía paraguaya "mantenía un sofisticado esquema de delatores" que desbarató los planes de muchas organizaciones, según Boccia.

Posteriormente, entre 1974 y 1976, otros dos grupos trataron de terminar con la dictadura: el Ejército Popular Revolucionario (EPR), que buscaba atentar contra la vida de Stroessner, y la Organización Político-Militar (OPM).

Ambas sufrieron "amplias oleadas represivas", en un contexto en el que, a diferencia de lo que ocurría en otros países, la guerrilla urbana tenía pocos integrantes, señaló.

Explicó que eso se debió a que "la mayor parte de la población paraguaya era campesina, no había industria ni masa obrera que la sostuviera y el estudiantado era mínimo".

La dictadura de Alfredo Stroessner fue la más larga de Suramérica y dejó una secuela de 425 desaparecidos o ejecutados, detuvo a casi 20.000 personas que en su mayoría padecieron torturas, y forzó el exilio de 20.814 paraguayos, según el informe de la Comisión de Verdad y Justicia.

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