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Opinión
martes 21 de junio de 2016, 01:00

Atrapados entre el gatillo fácil y el sicario

Por Brigitte Colmán – En Tw: @lakolman
Por Brigitte Colmán

No se trata de una serie que podés ver en Netflix, o una serie cuyos capítulos completos te va a vender tu proveedor de películas truchas. Narcos o El patrón del mal ya no cuentan, ya fueron. Ahora es la vida que imita a la ficción. ¿O era al revés? Ya no se entiende más lo que pasa porque se nos perdió la pelota.

Los medios transmiten en vivo y en directo desde las calles de Pedro Juan Caballero y nos muestran cómo el Paraguay va pasando de ser un país corrupto como cualquier otro, a convertirse en la tierrita donde el narco se pasea como si estuviera en su patio.

Y lo que está pasando es tan horrible, que uno no sabe cómo hacen los pedrojuaninos para seguir viviendo ahí como si nada.

Cómo hacen para levantarse cada mañana y llevar a sus chicos a la escuela, cuando saben que en cualquier momento, en una esquina cualquiera se puede desatar una balacera. Cómo te vas al súper, a la iglesia, o a jugar vóley.

La noche del ahora famosísimo atentado al comerciante y/o presunto narco, Rafaat, las autoridades solo balbucearon explicaciones, y resultó que algunos ya sabían luego, aunque nadie se animaba a dar nombres.

Y ahí crece la duda, porque no se sabe si nuestras autoridades están muertas de miedo o es que simplemente están todas comprometidas con el negocio.

Asesinos. El terrible espectáculo que se dio en una calle de Pedro Juan Caballero sigue teniendo réplicas, como esos terremotos que cambian la faz de la tierra.

Una de esas réplicas la produjo la misma Senad. Y no es que uno quiera hacer leña del árbol caído, pero los agentes antinarcóticos se graduaron de pelotudos, con todos los honores.

Asesinaron a una niñita de 3 años, en un procedimiento que deja demasiadas dudas. Un error gigantesco, y un Horacio Cartes indolente que solo emite tibios comunicados.

Los omnipotentes-prepotentes agentes de la Senad demostraron que solo son eficientes para entrar a patotear en la Chacarita, y detener a unos adolescentes con un par de moñitos de crack. Cuando se trata de los capos de la droga, ninguno de ellos se anima a hacerse el machito.

Cuando pensábamos que estos de la Senad eran básicamente inútiles, nos demostraron que todavía pueden ser peor: también son gatillo fácil. Porque miren que es raro confundir a un traficante de marihuana con una nena de 3 años.

Este país ya no da más, y así como está, van ganando los malos, mientras que el impasible ciudadano no sabe hacia dónde salir corriendo, atrapado entre el sicario y el gatillo fácil.