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sábado 27 de mayo de 2017, 11:30

Agricultores del Neolítico se mezclaron con poblaciones de cazadores

Los agricultores que llegaron a Europa desde Oriente Próximo hace casi 9.000 años, y que introdujeron en el continente la cultura neolítica, no sólo transmitieron sus conocimientos a las poblaciones de cazadores-recolectores, sino que también se cruzaron con ellos.
EFE

Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en Current Biology y que realizado por un equipo internacional de investigadores, entre ellos, varios científicos de las españolas Universidad Complutense de Madrid, Universidad de La Coruña y Universidad de Cantabria.

Hasta ahora, uno de los grandes retos de la arqueología ha sido determinar si la transición neolítica en Europa fue solo cultural o si, por el contrario, también hubo mezcla entre los grupos de cazadores-recolectores con los nuevos agricultores.

El estudio publicado hoy demuestra que, al menos en el este del continente -lo que hoy es Rumanía-, ambos grupos convivieron uno con otro, se mezclaron y tuvieron descendencia.

"Esperábamos un cierto nivel de mezcla entre los agricultores y los cazadores-recolectores, dada la evidencia arqueológica de contacto entre estas comunidades", pero "hemos quedado fascinados por los altos niveles de integración alcanzado entre las dos comunidades", explicó el director del estudio, Michael Hofreiter, de la Universidad de Potsdam (Alemania).

Estudios anteriores ya habían establecido que la transición neolítica en Europa occidental se hizo fundamentalmente a través del desplazamiento de personas, mientras que en el este del continente, la difusión fue más bien cultural.

El análisis de unos restos fósiles ha determinado que la relación entre cazadores-recolectores y agricultores en la cuenca del Danubio es más compleja de lo pensado y que el movimiento de personas y cultura no son dos ideas excluyentes.

Para el trabajo, los investigadores estudiaron el genoma de varios restos humanos de cazadores-recolectores y de agricultores de la cuenca del Danubio (de 8.800 años y 5.400 años de antigüedad) y de dos cazadores-recolectores del mesolítico de dos localizaciones españolas (el yacimiento gallego de Chan do Lindeiro y la Cueva de los Canes de Asturias) para proporcionar un contexto más amplio.

"Gracias a los datos genómicos hemos podido investigar caracteres fenotípicos de las muestras (como el color del pelo y la tolerancia a la lactosa) e investigar el proceso de difusión del neolítico en el este de Europa", dijo a Efe Gloria González, investigadora en las universidades de Ferrara (Italia) y Postsdam (Alemania), y encargada de hacer la reconstrucción genómica de las muestras.

Además, el análisis del ADN confirmó "algunas ideas que teníamos los arqueólogos desde hace tiempo de que en la zona del valle del Danubio hubo interacción entre las poblaciones de cazadores locales y grupos que venían de fuera", explicó a Efe Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria y coautor del trabajo.

Es decir, que en el "proceso de adopción de la agricultura no hubo una simple sustitución de poblaciones, sino que se produjo una mezcla entre grupos", agregó.

El estudio de los genomas también reveló que cuanto más hacia el este, a la zona de los Balcanes, menor es el predominio genético de los agricultores de Oriente Próximo.

Sin embargo, en la Europa occidental la carga genética de los pobladores de Anatolia es mucho mayor, lo que refleja una mayor presencia de estos primeros agricultores y también un nivel de integración mucho mayor con los cazadores-recolectores locales del Mediterráneo.

De hecho, "los genomas de Chan do Linderio y Canes, muestran una diversidad similar a la de otros genomas antiguos del mesolítico en el centro y oeste de Europa y en ninguno de ellos se detectó señales de hibridación con los primeros agricultores del neolítico europeo", puntualiza González Fortes.

Los resultados son, por tanto, un recordatorio de que las relaciones entre las personas en diferentes lugares y en diferentes momentos no son simples.