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Opinión
domingo 21 de agosto de 2016, 01:00

80%

Por Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Por Benjamín Fernández Bogado

El nivel de rechazo de la ciudadanía hacia Duarte Frutos era tan alto al final de su mandato que sus costos los capitalizaba su candidata a presidenta. El experto en márketing le mostró los números y la víctima de la hydris se resistió a asumirlos. Quedaba solo armar una pelea entre ambos, de manera tal que la candidata remontara algo de vuelo y tuviera alguna chance frente al ignoto Fernando Lugo. La historia ya la conocen. Con todo el dinero, el poder, la maquinaria del Estado... el pueblo optó por el mediocre candidato opositor, y castigó al presidente y a su candidata. Cuando se pierde la empatía con la gente, no hay estrategia que valga finalmente.

La introducción viene a cuento de los números de la encuesta de este diario en torno al gobierno de Cartes y sus años de mandato. No pudieron ser peores. Ni en el escenario más obscuro podría vislumbrarse una calificación tan negativa. El nivel de rechazo a la reelección supera el 80%, la popularidad es menor al 25%, los funcionarios mayoritariamente colorados lo rechazan, más del 70% califica su gestión de mala y muy mala, si se cambiara la Constitución ganaría Lugo y Cartes terminaría ¡tercero! Esto no es solo malo para el mandatario actual y sus seguidores, es lo peor que podría pasarle a la democracia paraguaya. Por el bien del proceso, hay que buscar candidaturas nuevas, con propósitos renovados, porque la oferta que podríamos tener solo varía en función de con qué elementos nos podría ir peor como sociedad.

La encuesta ha sido furibunda, y no es un problema de comunicación, como buscaron explicar desde algunos sectores. La calidad de gestión del Estado es pobre, solo habría que mirar cuántos kilómetros de rutas se asfaltaron en estos tres años, para darnos cuenta de que el problema no era la falta de dinero, sino la pobre capacidad de llevar adelante los proyectos. Se pagan hoy altos intereses por créditos y colocación de bonos sin ser usados, y nadie puede ufanarse de haber sacado de la pobreza con el gasto estatal que se tuvo para unos 30.000 paraguayos nada más. La incapacidad de gestión es tan grande que el ministro de Hacienda calificó con palabras –más o menos– de inútil al director de Aduanas, que por su bajo rendimiento ya no participa en el Consejo Económico. Comienzan las peleas internas y esto es solo el principio.

La encuesta ha convertido a Cartes en un pato paralítico (lame duck) antes de tiempo. Su largo confinamiento en su residencia le ha sacado toda empatía con la gente y no hay tiempo para recuperarla. Debe descartar por completo y desalentar a su entorno en buscar reformas o enmiendas constitucionales. Debe concentrarse en mostrar a la ciudadanía un compromiso nacional en lo que le queda de mandato, para que el nivel de rechazo no alcance al final un solo dígito. Lo peor que verá ahora es la repetida traición de quienes le juraron lealtad una y otra vez. Ya no será solo el malagradecido Nicanor que haga leña del árbol en caída, sino muchos de sus cortesanos se mostrarán cruelmente traidores.

Comienza el descenso del presidente y hay que administrar la pérdida del poder, de manera que sus costos no sean tan graves para el país y para su propia persona.

El problema no es con la encuesta ni con la comunicación. Es algo más grave y complejo y, lo peor que puede ocurrir es negar las cifras y creer que todo anda bien. Más del 80% no lo quiere más luego de los cinco años, y eso que lo ¡dicen al final del tercero!