Foto: Javier Valdez
Fría o caliente, dulce o amarga, saborizada o natural, con procesado industrial o ancestral, la yerba mate forma parte de la dieta de varios pueblos no solo de la región, sino que también ha traspasado el océano y se ha instalado en comunidades alejadas de su zona de origen.
El Ilex paraguariensis lleva en su nombre científico su identidad guaraní y es una de las banderas del orgullo paraguayo, porque es nuestro país el que más se identifica con el pueblo indígena que se asentó en esta vasta región y que nos legó sus genes, sus costumbres y su idioma. Si hay una nación que resalta su herencia guaraní, esa es el Paraguay. Y la yerba mate es parte importante de ese legado.
Saludable
La planta contiene elementos beneficiosos para la salud y sus propiedades benéficas son superiores a las del té, el café o el vino, asegura Víctor Masloff, consultor privado especializado en yerba mate y asesor del Centro Yerbatero Paraguayo. “Contiene antioxidantes en cantidades superiores a otros productos similares”, agrega el experto.
La yerba mate no solo es rica en antioxidantes (moléculas que retrasan la oxidación de otras células), además contiene vitaminas, potasio y aminoácidos, así como también mateína —una forma de cafeína— en cantidades elevadas. Los beneficios que genera para el organismo permiten elaborar una lista de virtudes del producto.
En primer lugar, los elementos que componen la yerba mate son importantes para ayudar a la salud cardiovascular, gracias a la cantidad de antioxidantes que posee. Previenen las enfermedades cardiovasculares evitando que se acumulen en las arterias el colesterol y la grasa.
Debido a la acción de estos antioxidantes, el consumo regular de mate ayuda a prevenir la oxidación y el desgaste de las células, lo que a su vez colabora para retardar el envejecimiento.
Asimismo, aumenta el colesterol considerado bueno, según estudios realizados por la estadounidense Universidad de Illinois. Este tipo de colesterol, también conocido como HDL, protege a las personas contra los ataques cardiacos.
La ingestión de mate brinda también resistencia física, debido a que contribuye a la aceleración del metabolismo, lo que se logra haciendo que el cuerpo consuma más rápidamente los carbohidratos. Ese aumento de energía se obtiene tanto por la quema de las calorías que se han ingerido con los alimentos, como por las que se encuentran depositadas en el organismo en forma de grasa.
Además, tomar mate no produce adicción, nerviosismo ni insomnio, toda vez que no sea en exceso. El Ilex paraguariensis es también el ingrediente activo de una crema producida en Estados Unidos, denominada Biofreeze, muy popular entre deportistas y utilizada además por fisioterapeutas y quiroprácticos.
Los beneficios de la yerba mate superan largamente a los eventuales riesgos que pueda producir su ingesta. El consumo en exceso podría generar disrupción hormonal, especialmente en mujeres, alteraciones cardiovasculares, de origen nervioso y digestivas.
Recientemente, las agencias noticiosas difundieron la información de que beber mate podría causar cáncer. Sobre el punto, Masloff afirma que tal posibilidad tiene que ver con las consecuencias de beber agua muy caliente —como ocurre al tomar mate— y no precisamente con la yerba.
Al respecto, una investigación a cargo de la Universidad de Illinois, realizada en 2005, reveló que la yerba mate es rica en constituyentes fenólicos y que es ideal para inhibir la proliferación de células de cáncer de boca.
Salida al mundo
La yerba se industrializa de acuerdo con las preferencias de los consumidores, la mayoría de ellos todavía apegados a las maneras tradicionales de ingesta, es decir, como mate, cocido o tereré. La que se comercializa mezclada con otros productos se denomina compuesta y en Paraguay contiene, sobre todo, hierbas medicinales (yuyos, según el habla popular).
Actualmente, la yerba es la base de diversos productos, que van desde los tradicionales mate y tereré hasta los saquitos para preparar la bebida, como el té y los refrescos energizantes que se consumen —estos últimos— en lugares tan alejados como Corea del Sur. Sin embargo, muchos de estos productos industrializados no son elaborados en Paraguay.
En Argentina y Brasil, la yerba compuesta incluye variedades saborizadas, que incorporan esencia de naranja y durazno, por ejemplo, y que se adecuan al paladar de los consumidores de esos países, fundamentalmente el de los jóvenes, que prefieren la infusión dulce, que además es la forma más extendida de consumo entre los argentinos.
En Corea del Sur, según la Embajada paraguaya en ese país, se ha vuelto muy popular en los gimnasios una bebida energizante hecha con yerba paraguaya. El jugo espumoso de yerba mate se vende en esa nación asiática bajo la marca Guayakí, que produce también tereré saborizado. La firma está asentada en el estado de California, Estados Unidos, y prepara sus productos con yerba procedente de Paraguay, cosechada por la parcialidad aché y producida de manera orgánica y bajo monte.
La yerba orgánica y la ancestral son variedades que pueden llegar a interesar en otros mercados, donde pueden ser comercializadas con la etiqueta “gourmet”, una característica que no es apreciada en su justa medida por los consumidores paraguayos, afirma Masloff.
Las cualidades del producto, sobre todo su alto contenido de antioxidantes, lo hacen apetecible para la demanda europea, aunque en ese caso la oferta debería hacerse bajo la forma de saquitos, ya que no se puede pensar que los europeos accedan a compartir bombilla en una ronda.
Afuera hay un mercado que todavía no conoce las bondades de la planta y llegar a él con la producción nacional es una tarea pendiente que involucra tanto a productores como a las autoridades nacionales. Tenemos yerba, y es de la buena.
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Hacia afuera
Paraguay exporta anualmente 500 toneladas de yerba mate. Es el tercer exportador del producto detrás de Argentina y Brasil. Los principales mercados de nuestro país son España, Chile y Bolivia.
Día dulce amargo
El Día de la Yerba Mate se celebra en Paraguay el 11 de octubre, consagrado por el decreto-ley
n.° 18.528 del 25 de setiembre de 1997.