14 ene. 2026

Vizcarrondo El señor de las alturas

Oswaldo Vizcarrondo se ganó la chapa de ídolo con la hinchada de Olimpia. De eso no lo dude. Hacer dos goles en un clásico, que sirvieron para ganar, no lo consigue cualquiera, y con ello el venezolano se ha metido en la historia grande de nuestro fútbol.

Muchos fuimos a ver el show de Juan Manuel Lucero (lo vimos en parte) y la destreza de Carlos El Pescadito Ruiz (remató una pelota en el poste que pudo ser el 3-1), en Olimpia; la guapeza del Tigre Ramírez (apareció en gran parte, pero estuvo desesperantemente solo), los misiles de Celso Ortiz (uno se lo sacó Buljubasich) y la bravura del Mono Brítez (apareció a cuentagotas, quizás condicionado por una amarilla tempranera, que debió estar acompañada por otra), en Cerro.

Nada fue tan trascendente como la aparición del señor de las alturas: Oswaldo Vizcarrondo, alguien criticado al principio por su propia hinchada por nada. Criticado sin jugar, algo más que injusto.

PARTIDO CLAVE. Además, no fue un partido cualquiera, uno por cumplir el calendario. Fue el partido en que el Decano se jugaba su chance de seguir soñando con el título, que se le muestra esquivo desde hace nueve años, y ante el líder del Apertura, Cerro Porteño, amo y señor de los clásicos en los últimos cinco años, como mínimo.

Y el melenudo defensor -al que por su pinta algunos lo comparan con Fer, el cantante de Maná, y otros con Ricardo Arjona- emergió en las alturas para alimentar la ilusión de esa multitudinaria afición que copó el Sur. En ambos goles ganó altura y con sus 1,91 m se elevó más que todos para clavar la pelota casi al centro del arco de Cerro Porteño, batiendo al gran arquero Gatito Fernández (que sigue siendo arquerazo, a pesar del error en el primer tanto).

CALCADOS. Los goles fueron similares; tuvieron la particularidad de que ambos fueron en pelotas quietas. El primero en un tiro libre (especie de córner corto, como dirían los relatores), ganado magníficamente por el showman Lucero (imparable en el primer tiempo); “Vizca” atropelló en el área chica, ante la pasividad del Gatito, quien no se animó a salir a cortar el centro, y clavó el testazo para el delirio de la mitad de los habitantes de este país. El segundo fue una atropellada hacia el primer palo, anticipándose a los defensas y desviando el balón lo justo.

En ambos casos, el coautor fue el uruguayo Martín Ligüera, y al término del partido el propio Oswaldo lo reconoció. El volante ejecutó los centros a la medida del venezolano, por lo que gran parte de la gloria que hoy vive el petrolero se lo debe al charrúa. El segundo gol tuvo el agregado de que llegó a 2 minutos del tanto del empate del Ciclón, marcado por Mono Brítez (tras un grosero error del Dani Cáceres). Anímicamente fue fundamental.

LA OTRA CARA. No digamos que Vizcarrondo es un dechado de virtudes, ni lo vamos a comparar con un Carlos Gamarra, un Rogelio Delgado o el mismo Denis Caniza, grandes jugadores que alguna vez fueron los centrales del Rey de Copas. Ni se les acerca. Es rudimentario. Es el fiel reflejo de la conocida frase del relator argentino Sebastián Vignolo, que dice: “Saque si quiere ganar”. No es de los que salen jugando con pelota dominada, para nada; es el típico central que va al despeje sin importar cómo ni dónde. A veces va al bulto. Solo en los primeros 12 minutos hizo cinco faltas sobre Tigre, algunos cerca de su área. Eso sí, estuvo certero en un par de cruces, uno de ellos ante Ortiz, cuando éste se disponía a un mano a mano con Buljubasich.

EL VENEZOLANO ELEVÓ SUS 1,91 M Y MARCÓ 2 GOLAZOS. UN CENTRAL RUDIMENTARIO, QUE AYER SACÓ LA CHAPA DE ÍDOLO ENTRE LOS OLIMPISTAS.

DA MÉRITO A MARTÍN

“Me imaginaba ganando, pero haciendo dos goles no, y la satisfacción es grupal”. Así respondió Vizcarrondo, el hombre-gol, en su debut en el clásico. “Hay que dar el mérito a Martín (Ligüera) por los centros certeros. Yo solo tuve que poner la cabeza”, subrayó. “Venimos trabajando en pelotas paradas, y esta vez se dio”, añadió. El zaguero se rehusó a volver a referirse al mal momento que vivió a comienzos de año, en que no se adaptó debido al calor; debió jugar en Reserva. “Vamos a conseguir el título, si seguimos así”, presagió.