01 sept 2026

Unos payasos se reinventan para seguir viviendo de sus sonrisas

La falta de trabajo ha obligado a reinventarse a unos payasos bolivianos, que se han pasado al reparto a domicilio sin perder la sonrisa.

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La falta de trabajo obligó a reinventarse a unos payasos bolivianos.

Foto: EFE

“Payallevar” es el nombre con el que recorren las calles en moto con sus zapatones, pelucas de colores y figuritas hechas con globos, para entregar por las casas comida, medicinas o regalos en la ciudad boliviana de Quillacollo.

“Hay que llevar a casa el pan de cada día”, comentan a Efe varios miembros de la asociación de payasos y artistas de Quillacollo, quienes ahora se dedican al “delivery”, la palabra inglesa con la que comúnmente se conoce en Bolivia la entrega de pedidos a domicilio.

La cuarentena que rige en Bolivia desde hace más de cuatro meses ha dejado a muchos sin trabajo, en el caso de los payasos sin las fiestas de las que vivían, pues están prohibidas las reuniones sociales.

Una decena de integrantes de la asociación decidió dar el paso al reparto a domicilio para tener algún ingreso, pues es una actividad que de forma controlada se permite pese a la cuarentena, en determinados horarios y con medidas de bioseguridad contra la Covid-19.

Antes iban a las casas y a locales de eventos a animar fiestas, como cumpleaños de niños, mientras que ahora recorren las calles casi vacías para llevar pedidos de todo tipo con los que ganar algo de dinero.

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Foto: EFE

Sus sombreros de extrañas formas adornados con llamativas flores de plástico destacan al pasar con sus motos entre calles con comercios en su mayoría cerrados.

Pintan su rostro, se ponen la característica nariz roja y sus medias de colores para no perder el humor ante los clientes, aunque ahora acudan a llevarles una bolsa con comida o unas medicinas en vez de contarles chistes o sorprenderles con trucos de magia.

Elvis, o payasito Biscochito, y Gustavo Reynaga, alias Espejito, coinciden en recordar que ellos también tienen familias e hijos que alimentar, pero no hay fiestas con las que puedan llevar dinero a casa tras sus actuaciones.

Nelson Soria, payasito Mijua, explica a Efe que tiene dos hijos, uno de apenas dos meses, por lo que necesita ingresos para leche, pañales y otros costos que trae un bebé.

Payasito Chicolac, es decir, Ramiro Aliaga, asegura que, aunque la situación laboral sea complicada y hayan tendido que reconvertirse, siempre van “con la alegría” que les caracteriza.

“Tratamos de alegrar a la gente” con alguna broma cuando a la puerta de casa les entregan el pedido, añade.

Quillacollo es una capital de provincia con unos 160.000 habitantes en el centro de Bolivia, que como muchas otras ciudades del país ha visto caer la economía por las restricciones para salir de casa y circular en auto que incluye la cuarentena, vigente desde finales de marzo y que se ha ido ampliando por fases para combaitr el nuevo coronavirus.

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